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¿Reducimos un poco más el desperdicio de alimentos?

desperdicio de alimentos

– Marina Muñoz Cervera –

¿Sabías que un tercio de los alimentos se desperdicia antes de ser consumido por otras personas?

Si queremos vivir en un mundo sostenible, uno de los principales aspectos a considerar es nuestra relación con los alimentos:

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7 claves para reducir el desperdicio de alimentos.

desperdicio
– Marina Muñoz Cervera –

El desperdicio de alimentos en un mundo que aún pasa hambre, no tiene sentido.

Este importante tema es considerado por la FAO como el punto débil de la lucha contra el hambre.

¿Dónde se pierden más alimentos?

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El despilfarro de alimentos en 3 minutos de vídeo.

– Marina Muñoz Cervera –

Un 30% de la producción alimentaria anual se pierde después de las cosechas o se desperdicia en tiendas, hogares y servicios de comidas.

Un artículo publicado por la FAO nos informa sobre sus costes y lo expresa en los siguientes términos: Si tuviéramos que pagar la factura a la naturaleza, ¿cuánto nos costaría el despilfarro de alimentos?

Una elevada deuda a la naturaleza es la que se incrementa cada año, es equivalente a 750 000 millones de USD en términos de precios al productor y casi a un billón de USD en términos del valor comercial de los alimentos cada año.
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Los dibujos animados hablan por sí solos.

extracto de película

Marina Muñoz Cervera –

¿Cómo nos han visto en el futuro creativos como Walt Disney? ¿Qué pasaría si a los animales les damos de comer hamburguesas, salchichas, pizzas y bollería industrial? ¿Podrían los osos reales sobrevivir bebiendo refrescos azucarados?

El periódico 20 minutos.es El nutricionista de la general ha publicado, hoy 16 de abril de 2013, un artículo muy interesante titulado: Obesidad y más en dibujos animados.

La entrada contiene tres videos de dibujos animados:

Futuro del ser humano, es un extracto de la película de Disney Wall-E (1).

¿Qué pasaría si los animales comieran comida chatarra? (1).

Los Osos Reales. (1).

Lo único que os puedo decir después de leer este artículo y ver los videos que contiene, es que no os lo perdáis.

Fuentes:

(1) Juan Revenga. “Obesidad y más en dibujos animados”. 20 minutos.es El nutricionista de la general. 16 de abril de 2013.
http://blogs.20minutos.es/el-nutricionista-de-la-general/2013/04/16/obesidad-y-mas-en-dibujos-animados/

Imagen:

Origen: http://kootation.com/real-wall-e-in-la.html

El consumo de “comida basura” durante el embarazo puede afectar al bebé.

experimentación
Marina Muñoz Cervera –

Las madres embarazadas que comen “comida basura” podrían pasar este hábito a sus bebés, ha demostrado un estudio llevado a cabo en ratas y publicado en FASEB Journal, The Journal of the Federation of American Societies for Experimental biology, con el título Eating junk food while pregnant may make your child a junk food addict (1)(2).

La noticia que aparece, hoy 27 de marzo de 2013, en El Mundo.es, escrita por un autor relevante como es José Mª Ordovás, Director del laboratorio de Nutrición y Genómica del USDA-Human Nutrition Research Center on Aging de la Universidad de Tufts (EEUU), Profesor de Nutrición y Genética, Director Científico del Instituto Madrileño de Estudios Avanzados en Alimentación (IMDEA) e Investigador Colaborador Senior en el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (Madrid), nos dice lo siguiente:

“Este estudio demuestra que el consumo de comida ‘basura’ se puede considerar como una adición, ya que utiliza los mismos circuitos químicos que las drogas comunes (opio, morfina o heroína)” (1).

“La alimentación de la madre durante el embarazo ‘educa’ las papilas gustativas del feto a través del líquido amniótico. Por ejemplo, si la madre tiene una dieta rica en frutas y vegetales, el bebé aceptará más rápidamente estos alimentos cuando empiezan a ser introducidos en su dieta sólida. Lo mismo se ha demostrado de condimentos con reconocidas propiedades saludables, como es el caso del ajo” (1).

“Esta habituación del paladar se extiende también al periodo de la lactancia. Esto es lógico, ya que el niño asocia estos alimentos con la ‘seguridad’ materna. Pero, lamentablemente, la habituación no está reservada exclusivamente a los alimentos saludables sino también a los que no lo son. Esto último ha quedado claramente evidente en una investigación aparecida en la revista’FASEB Journal’ que demuestra cómo las madres embarazadas que consumen ‘comida basura’ pasan a sus bebés este hábito con las consecuencias adversas que esto supone, a corto y largo plazo” (1).

“Estos investigadores demuestran que se debe a los cambios que la dieta materna induce sobre el circuito de señalización de opiáceos en el cerebro del recién nacido. Esto hace a los bebés menos respondedores a los opiáceos, que son liberados fisiológicamente de manera natural cuando se consumen alimentos ricos en azúcar y grasas. Como resultado de esta tolerancia a la ‘comida basura’ necesitan consumir más de la misma para conseguir la sensación de bienestar esperada, y deseada, lo que les lleva a la obesidad y a otros problemas metabólicos que con el tiempo aumentarán el riesgo cardiovascular y de otras enfermedades” (1).

“Aunque esta investigación fue llevada a cabo en ratas, los investigadores se muestran altamente confiados en que el mismo mecanismo debe ocurrir en humanos. Por lo tanto, estos resultados deben ser utilizados para estimular a las madres a adoptar hábitos nutricionales más saludables, con el objetivo de transmitirlos a sus hijos” (1).

Parece ser que las investigaciones apuntan en la misma dirección respecto a las consecuencias del consumo de este tipo de comida.  Y no se refieren a comer una hamburguesa con patatas cada dos semanas, sino al consumo cotidiano y que ya forma parte de la alimentación normal de la persona, como una droga que no puede dejar de tomarse, si no se plantea seriamente la necesidad de hacerlo. 

Son industrias muy fuertes, sus intenciones siempre son vender mucho en poco tiempo, y sería mejor no caer en sus redes para no convertirnos en “adictos” a la mal llamada “comida”. 

Cuando miramos la típica hamburguesa que nos venden, y la pongo solo como ejemplo,  seguramente al ver que contiene un poquito de lechuga, tomate, cebolla, pepinillos, etc., pensemos que estamos comiendo incluso de forma sana, carne con vegetales. Claro, en ese momento no nos fijamos  en el queso, en la mantequilla que lleva el panecillo y en la calidad de la carne que han procesado para convertirla en más apetitosa; incluso podemos pedirla con bacon que no es más que tocino y, en muchas ocasiones con un huevo porque no sabemos que normalmente las hamburguesas llevan huevo para hacer más consistente la carne, por no hablar de las harinas refinadas que tienen la misma función.

El caso es que sin darnos cuenta, estamos comiendo otra cosa bien distinta a carne con vegetales, que huele muy rico, pero es pura grasa saturada y los poquitos vegetales no son suficientes para metabolizar tal cantidad de ese tipo de lípidos, teniendo en cuenta que básicamente los digerimos mal, y la proteína de esa carne es muy escasa.  Esa “comida” nos resta apetito para consumir una más saludable y sin tener otra intención que la de comer, hemos caído en la trampa porque, según nos cuenta el artículo anterior, nuestro cerebro ha liberado opiáceos mientras comíamos nuestra hamburguesa con una soda y nos han producido una agradable sensación placentera. Si comemos una no pasa nada, pero si nos enganchamos a la sensación y repetimos su consumo, y así continuadamente, nuestro organismo se va a volviendo resistente al efecto de la secreción de opiáceos y cada vez necesitaremos más cantidad de “comida basura” y con mayor frecuencia, para obtener el mismo efecto que obtuvimos con las primeras.

Os cuento todo esto porque explicado de forma muy básica sería el proceso que describe la interesante noticia, no obstante, sólo el tiempo y más estudios no ayudarán a comprender más y mejor cuáles son los efectos sobre nuestro organismo de este tipo de “comida”.

Todo lo que comemos o bebemos tiene una consecuencia,  buena, mala o regular para nuestro metabolismo y por ello creo que es importante que cuidemos la calidad de nuestros alimentos y bebidas. 

El conocimiento nos da la libertad para elegir con conocimiento de causa.

Os dejo el enlace de un importante artículo que Medline Plus publicó el 15 de enero de 2013 con el título: Relacionan la comida rápida con el asma, el eczema y la fiebre del heno en los niños (3). En el mismo, que no puedo reproducir por sus protección de derechos de autor, no hablan de un consumo en niños de dos a tres veces a la semana de “comida rápida”; y aunque no lo consideran como concluyente, a pesar de que está realizado sobre una muestra poblacional, si parece ser que supone un indicio más a tener en cuenta a la hora de elegir un tipo de comida u otra.

Enlaces relacionados:

¿Nos vuelven adictos a la “comida basura”?
Relevancia de la nutrición durante el embarazo.

Fuentes:

(1) José Mª Ordovás “La comida basura es adictiva (también para los bebés)”. El Mundo.es. Madrid 27-3-2013.
http://www.elmundo.es/elmundosalud/2013/03/26/noticias/1364325801.html
(2) Jessica R. Gugusheff, Zhi Yi Ong, and Beverly S. Muhlhausler. A maternal “junk-food” diet reduces sensitivity to the opioid antagonist naloxone in offspring postweaning. FASEB J March 2013 27:1275-1284, doi:10.1096/fj.12-217653 ; http://www.fasebj.org/content/27/3/1275.abstract
(3) Health Day. Medline Plus. “Relacionan la comida rápida con el asma, el eczema y la fiebre del heno en los niños”
http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/news/fullstory_133107.html

Imagen: http://img.webme.com/pic/p/pruebasdesexadosenaves/ratas-7.jpg
Origen: http://www.taringa.net

¿Nos vuelven adictos a la “comida basura”?


ley de seguridad alimentaria

Marina Muñoz Cervera –

El día 8 de marzo de 2013, El Confidencial publicó una importante noticia sobre el contenido de los snacks y de la denominada comúnmente, comida rápida, también llamada basura, como causantes de adicción a su consumo (1).

El artículo da a conocer el último libro publicado por Michael Moss (ganador del Pulitzer 2010 por su investigación sobre la carne contaminada) sobre las prácticas ocultas de la industria alimentaria. Con el título “Salt, Sugar, Fat: How the Food Giants Hooked” (Sal, azúcar y grasa: cómo los gigantes de la alimentación nos han enganchado) (1) (2) (3) este autor denuncia las sustancias que se utilizan en la comida rápida para causar adicción (1).

La noticia del Confidencial lleva por título: “Los mismos efectos de la cocaína”: qué le ponen a la comida basura para que te enganches”, y dice así (1):

“Los alimentos procesados no están fabricados con el objetivo de calmar nuestro apetito. Más bien todo lo contrario, arranca el galardonado periodista: Su procesamiento está pensado para lograr el vínculo perfecto entre el consumo de estos alimentos y la sensación de bienestar, al activar mecanismos cerebrales que nos hacen dependientes y aumentar así los beneficios de las multinacionales de la alimentación. Sal, azúcar y grasas son la tríade de sustancias indispensables en todos estos alimentos, cuya composición se ve alterada químicamente y su cantidad se adapta según el país y la edad de los consumidores objetivos” (1).

El punto de la felicidad, como denomina Moss a estas fórmulas, no solo aumenta el riesgo de sufrir sobrepeso u obesidad, sino que incrementa las posibilidades de contraer diabetes, asma y hasta esclerosis múltiple, según los estudios de referencia que maneja el periodista. Durante los tres años que empleó para elaborar la investigación, Moss consiguió entrevistarse con un buen número de CEOs de las grandes compañías de alimentación. Varios de ellos accedieron a su petición de probar los productos antes de ser modificados o con variaciones en las cantidades de grasa, sal o fructosa. De las galletas con menos cantidad de sal decía que sabían a paja, se masticaban como si fuesen cartón y no tenían ningún gusto. Definitivamente, la sal que utilizan tiene poderes milagrosos en el procesado, ironiza” (1).

“La sal, al igual que el azúcar, también es refinada para potenciar su sabor y acelerar su metabolización. Una práctica que lleva más de dos décadas utilizándose para elaborar las patatas fritas, y el principal truco que las hace irresistibles” (1)

“No se trata solo de las grandes cantidades de sal. La utilización de jarabe de maíz alto en fructosa, como sustituto del azúcar, está incluido en la mayoría de estos productos. Una sustancia que desactiva la zona del cerebro encargada de regular el apetito. Así se reducen los niveles de las hormonas de la saciedad, provocando más hambre de la habitual. Una reciente investigación de la Universidad de Yale, avalada por la American Medical Association, concluyó que el consumo de esta sustancia puede provocar hipertensión, gota o diarrea, además de ser una de las principales causas del sobrepeso y la obesidad. Las alteraciones en la composición del azúcar son muchas y muy variadas, apunta el escritor. Los compuestos utilizados para procesarlo pueden potenciar su sabor dulce hasta en un 200 por cien. El mayor problema que causan estos aditivos para la salud, explica Moss, es que el cuerpo no es capaz de metabolizarlos al igual que hace con el azúcar natural. De este modo, aumenta los niveles de grasa en sangre asociados con las enfermedades cardiovasculares” (1).

Como es lógico pensar, los responsables de la industria niegan que se estén utilizando sustancias como adictivos (1).

Os comento que la sensación de falsa felicidad o irreal bienestar que se produce tras la ingesta de la mencionada comida es poco duradera y termina provocando insatisfacción (mal carácter, impaciencia, irritabilidad, irascibilidad, etc.) y no muy a largo plazo, por ello la tendencia siguiente es a calmar la triste incomodidad con una nueva comida rápida que nos lleve al mismo punto que conseguimos con su consumo. Se convierte en “la pescadilla que se muerde la cola” y poco a poco nuestra salud se va viendo afectada y, de forma irreversible, en muchas ocasiones. 

Lo único que me queda decir para terminar esta entrada es que confío en que, con el tiempo, la ganancia económica y la salud se den la mano. De hecho, no toda la comida que se prepara de forma rápida reúne las características de la mencionada comida basura y carente de nutrientes, hay platos de muy fácil elaboración que son muy sanos y solo tenemos que discernir entre unos y otros.

Fuentes:

(1) El Confidencial. “”Los mismos efectos de la cocaína”: qué le ponen a la comida basura para que te enganches”. 8-03-2013.
http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2013/03/08/los-mismos-efectos-de-la-cocaina-que-le-ponen-a-la-comida-basura-para-que-te-enganches-116406/
(2) The New York Times. Times Topic. “Michael Moss”. Monday, March 11, 2013
http://topics.nytimes.com/topics/reference/timestopics/people/m/michael_moss/index.html
(3) Joanna Blythman. “Salt, Sugar, Fat: How the Food Giants Hooked Us by Michael Moss – review”. The Observer. 24 February 2013.
http://www.guardian.co.uk/books/2013/feb/24/salt-sugar-fat-moss-review

Imagen:

Origen: Jal. “Ley de Seguridad Alimentaria y Nutrición”. Paperblog 11 de septiembre de 2010.
http://es.paperblog.com/ley-de-seguridad-alimentaria-y-nutricion-252535/

Campaña mundial contra el desperdicio de alimentos.

desperdicio de alimentos

– Marina Muñoz Cervera –

Mucho se ha escrito sobre la cantidad de alimentos que desperdiciamos y sobre la necesidad de buscar nuevas estrategias para mejorar su aprovechamiento.

Hoy, día 22 de enero de 2013, el Centro de Prensa de la FAO publica una interesante noticia que refiere el lanzamiento de una campaña mundial de lucha contra las basuras alimenticias  organizada por  el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y otros  socios (1).

“La campaña Think.Eat.Save. Reduce Your Foodprint (“Piensa. Aliméntate. Ahorra. Reduce tu huella alimentaria”) surge en apoyo de la Iniciativa SAVE FOOD (“Ahorrar alimentos”) para reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos a lo largo de toda la cadena de producción y consumo de alimentos. Está promovida por la FAO, los organizadores de la feria comercial Messe Düsseldorf  y la Iniciativa Hambre Cero del Secretario General de la ONU. La nueva campaña se dirige específicamente a los alimentos desperdiciados por los consumidores, los minoristas y la industria hotelera. tiene como objetivo acelerar las medidas y proporcionar una visión global y un portal de intercambio de información (www.thinkeatsave.org) para las múltiples y diversas iniciativas en curso en todo el mundo” (1).

Podéis acceder al portal de información a través del siguiente enlace: Think.Eat. Save (2). Está disponible en cuatro idiomas, incluido castellano, y proporciona consejos sencillos para consumidores y minoristas, permitiendo a los usuarios comprometerse a evitar el desperdicio de alimentos, y ofreciendo una plataforma para que los que dirigen campañas intercambien ideas y creen una verdadera cultura global de consumo sostenible de alimentos (1).

La FAO nos dice que: “A nivel mundial, alrededor de un tercio de todos los alimentos que se producen -por valor de cerca de un billón de dólares EEUU- se pierde o se desperdicia en los sistemas de producción y consumo alimentarios. La pérdida de alimentos se produce sobre todo en las etapas de producción -recolección, procesamiento y distribución- mientras que el desperdicio ocurre por lo general a nivel del minorista y el consumidor, al final de la cadena de suministro de alimentos” (1).

El Secretario General Adjunto de la ONU y Director Ejecutivo del PNUMA, Achim Steiner comenta que: “En un mundo de siete mil millones de habitantes, que aumentarán a nueve mil millones en 2050, el desperdicio de alimentos no tiene sentido ni a nivel económico, ni ambiental ni ético” (1).

Si queréis leer la noticia completa, podéis acceder a través del enlace siguiente: La FAO y el PNUMA lanzan una campaña contra el desperdicio de alimentos

Enlaces relacionados:

Aumentar la producción agrícola y reducir el desperdicio de alimentos son las nuevas recomendaciones de la FAO.
¿Se podría minimizar el desperdicio de alimentos?
Iniciativa europea para reducir el desperdicio de comida en la cadena alimentaria.

Fuentes bibliográficas: 

(1) Centro de Prensa de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura. “La FAO y el PNUMA lanzan una campaña contra el desperdicio de alimentos”. 22 de enero de 2012, Ginebra/Roma.
http://www.fao.org/news/story/es/item/168570/icode/
(2) Think.Eat.Save. Zero Hunger Challenge.
http://www.thinkeatsave.org/

Imagen: http://www.alimentosyseguridad.com/wp-content/uploads/2012/02/food-waste.jpg

Iniciativa europea para reducir el desperdicio de comida en la cadena alimentaria.

basura

Marina Muñoz Cervera

“La alimentación no tiene desperdicio, aprovéchala” es una campaña iniciada en Europa para minimizar los deshechos innecesarios en el cadena alimenticia.

Está auspiciada por la Asociación de Empresas de Gran Consumo (AECOC) y apoyada por los Ministerios de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente y Sanidad.

La noticia publicada el 9 de noviembre de 2012 en la Web Expansión.com refiere que, según Aecoc, cada año se pierde hasta el 50% de los alimentos aptos para el consumo. El 42% de los desechos procede de los hogares, el 39% corresponde a las empresas de producción, el 14% a restaurantes, hoteles y restauración y el 5% restante a la distribución.

Los impactos del desperdicio son de tipo económico, ya que repercute en la cuenta de resultados de las empresas, en la economía doméstica y en las administraciones encargadas del tratamiento de residuos.

Pero el impacto también es socio-humanitario y ambiental: en momentos de crisis resulta inaceptable el desperdicio de alimentos, a lo que se suma que, para producir los 89 millones de toneladas que se tiran al año en Europa, se producen entre 2 y 4 kilos de CO2 por kilo de alimento. En caso de no evitarlo, la emisión por parte de la Europa de los 27 podría rondar los 240 millones de toneladas de CO2 en 2020.

Si queréis profundizar en el tema podéis encontrar la noticia en el siguiente enlace: Diez formas para no desperdiciar los alimentos (1).

El decálogo se encuentra disponible en Internet, en archivo PDF y lo podéis descargar desde: Decálogo.pdf (2).

También lo podéis descargar desde este enlace de la Web de: AECOC (3).

Os lo copio para facilitaros su lectura:

“Las empresas que suscriben este documento se comprometen a:

1. Reforzar la colaboración y la mejora del intercambio de información entre productores, fabricantes, distribución y administraciones públicas para evitar que, una mala planificación, genere un stock de productos que no vayan a ser consumidos y deban ser destruidos/eliminados.

2. Optimizar, dentro de las propias compañías, mecanismos y prácticas de eficiencia que favorezcan un transporte, manipulación y comercialización adecuada de los productos, que permita aprovechar la totalidad de su vida útil garantizando, en todo momento, su calidad y seguridad alimentaria.

3. Apostar por un clima de colaboración entre los diferentes agentes de la cadena de valor que facilite esa gestión eficiente y global necesaria para evitar desperdicios innecesarios en los diferentes eslabones de la cadena y, en caso de que se produzcan y siempre que estén en correcto estado, puedan canalizarse hacia otros usos evitando su destrucción.

4. Investigar e innovar en técnicas, tamaños y modelos de envasado y packaging más acordes con los nuevos modelos de hogar y hábitos de consumo de la sociedad actual.

5. Trabajar en la mejora de la comunicación al consumidor sobre las condiciones y recomendaciones de conservación y consumo de los productos alimenticios.

6. Establecer y/o reforzar mecanismos de medición del producto consumible destruido registrado a lo largo de toda la cadena de valor, así como llevar a cabo informes periódicos, en colaboración con el MAGRAMA, de los avances conseguidos para frenar esta problemática.

7. Impulsar prácticas que permitan a las empresas maximizar el aprovechamiento del “excedente” que se genera a lo largo de la cadena (elaboración de otro tipo de productos -alimentación animal, cosméticos…- , redistribución, etc..).

8. Establecer los mecanismos oportunos para que la mayor parte de ese excedente pueda redistribuirse, así como para que la redistribución de alimentos se lleve a cabo cumpliendo estrictamente, y a lo largo de todo el proceso, las normativas de higiene y seguridad alimentaria.

9. Compartir información con las comisiones de seguimiento del proyecto (formadas por expertos de toda la cadena de valor y las Administraciones Públicas ) para testar los avances experimentados en el proyecto.

10. Trabajar y colaborar de manera honesta, transparente y eficaz, en definitiva, para fomentar una producción, comercialización y consumo responsable que ayude a posicionar al sector de la alimentación como un colectivo “sensible” a las necesidades e inquietudes de la realidad social y económica del país.”

Fuentes:

(1) A. Medina.Expansión.com. “Diez formas para no desperdiciar los alimentos” 09-11-2012.
http://www.expansion.com/2012/11/09/empresas/1352484083.html
(2) http://www.google.com.bo/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&frm=1&source=web&cd=2&ved=0CCUQFjAB&url=http%3A%2F%2Fwww.aecoc.es%2Fdownload.php%3Fid_doc%3D22145%26id%3Ddec%25E1logo.pdf%26folder%3Ddocumento_socio&ei=XzihUL7CDMXx0gHb5IDYAw&usg=AFQjCNEW3HD39IXzguwwGa-TPcOJeeXemw&sig2=PBTnd_eGMKqBC5oY5jaDaA>Decálogo.pdf
(3) “AECOC contra el desperdicio de alimentos”
http://www.aecoc.es/#This

Imagen: http://es.expoinforma.com/media/k2/items/cache/8adaab906335a500d629a55f4f3ed11a_XL.jpg

Aumentar la producción agrícola y reducir el desperdicio de alimentos son las nuevas recomendaciones de la FAO.

mercado de frutas y verduras

– Marina Muñoz Cervera –

En un comunicado de 11 de julio de 2012, la FAO (Food Agriculture Organization) nos habla de la necesidad de incrementar un 60% la producción agrícola de alimentos para cubrir las necesidades de consumo de la población, en los próximos 40 años.

Nos cuenta también que, hasta ahora, el mayor aumento en la producción ha ocurrido en Latinoamérica, El Caribe y en el África subsahariana. Y refiere la necesidad creciente de mejorar el uso sostenible de los recursos, fomentando mejores prácticas agronómicas y creando un ambiente regulador apropiado.

Por último, recomienda que se reduzca el desperdicio de alimentos.

Considera todos los factores mencionados, como necesarios en la seguridad alimentaria.

Enlaces relacionados:

¿Se podría minimizar el desperdicio de alimentos?
Seguridad alimentaria: Tabla-resumen de las valoraciones más importantes del “Index Global” en 105 países del mundo.
La producción mundial de alimentos debe incrementarse en un 70% para el año 2050.

Fuente:

Producción agrícola debe crecer un 60% en los próximos 40 años, estima FAO. Centro de Noticias ONU.

http://www.un.org/spanish/News/fullstorynews.asp?NewsID=23937

Imagen: Copyright (c) 123RF Stock Photos

¿Se podría minimizar el desperdicio de alimentos?

– Marina Muñoz Cervera –

El 29 de enero de 2012 se publicó en la Vanguardia de México, un artículo con los datos globales de la cantidad de alimentos que se desperdician en el mundo; según los reportes de la FAO, la Organización para la Alimentación y la Agricultura, más de mil millones de toneladas de comida son desperdiciadas cada año, y esto ocurre en un planeta en el que más de mil millones de personas padecen hambruna.

En los países desarrollados los consumidores  desaprovechan 222 millones de toneladas, una cantidad casi par a la producción total de alimento del África Subsahariana (230 millones de toneladas) (1). Y en los países subdesarrollados se deterioran los alimentos por falta de medios de conservación y transporte.

El resultado de todo ello es que los alimentos se pudren contaminando el ambiente y se desechan productos que hubiesen podido ser utilizados con una mejor gestión de los mismos. Un fotógrafo austriaco, Klaus Pichler, ha querido que seamos conscientes de la fealdad de esta realidad y por ello ha tomado fotos de frutas putrefactas, sublimadas en su entorno. La CNN en español ha publicado un interesante artículo, hoy 6 de julio de 2012, en el que este artista explica el por qué de su iniciativa y propone algunas soluciones (2). Después de ver esta noticia, os dejo las recomendaciones de EUFIC para minimizar la cantidad de desperdicios de alimentos.

Imágenes:
http://www.featureshoot.com/wp-content/uploads/2012/03/Klaus-Pichler.jpg
http://blog.gessato.com/wp-content/uploads/2012/04/one-third-photography-series-klaus-pichler-gessato-gblog-1.jpg
http://www.featureshoot.com/wp-content/uploads/2012/03/Klaus-Pichler.jpg
Fuente:
Klaus Pichler’s Food Decay Images Shed Light on Global Food Waste
http://beautifuldecay.com/2012/03/27/klaus-pichlers-food-decay-images-shed-light-on-global-food-waste/

El constante desperdicio de los alimentos también lastima al planeta

(CNN) —

A primera vista, las hipnotizantes fotografías del artista austriaco Klaus Pichler pueden ser malinterpretadas como un grupo de anuncios estilizados. Toma un momento digerir —perdón por el doble sentido— que estás viendo fotografías de comida en estado de descomposición.

En una de estas fotos aparece una que piña cuelga encima de un antiguo plato dorado, y su piel, antes amarilla, ha dado paso a un mohoso verde luminoso; en otra, unas remolachas morado oscuro yacen cómodamente en un elegante florero de porcelana con delgadas láminas de filamentos grises acumulándose en su piel.

La idea es simple: “exponer la contradicción entre la belleza de los productos alimenticios y la horrible realidad del sobreconsumo y el desperdicio”, explicó Pichler.

El título de la serie es Un Tercio y se deriva de un reporte de la Organización para la Alimentación y Agricultura de la ONU (FAO) publicado en 2011 y que reveló una estadística escalofriante: un tercio de todos los productos alimenticios en el mundo se desechan sin ser consumidos.

Dependiendo del tipo de comida en cuestión, esta cifra cambia de entre 25% y 75% y, en su conjunto, llega a 1.300 millones de toneladas de alimentos comestibles desechados cada año.

En un mundo en el que aproximadamente 925 millones de personas sufren de hambre crónica, las implicaciones morales son severas. Pero las consecuencias ambientales que no están documentadas son casi igual de alarmantes.

De acuerdo con un reporte de la organización ambientalista Greenpeace, la industria alimenticia es responsable del 30% del total de emisiones anuales de carbono.

“El sistema de producción alimenticia dominante se basa en combustible fósil en todos los niveles”, dijo el doctor Martin Caraher, profesor de Alimentos y Políticas de Salud en la Universidad de Londres. “Se necesita combustible para hacer el fertilizante, para las granjas y tractores, para el procesamiento de los alimentos, para empacarlo y para transportarlo a las tiendas”. Pero la comida no solo es responsable de la emisión de carbono por su producción y transporte, ya que genera más emisiones una vez que se tira a la basura.

“Un porcentaje significativo de la comida del hogar que se desecha termina en los rellenos sanitarios, en donde produce CO2 y gas metano”, explicó Richard Swannell, director de la prevención de desechos en el Programa de Acción de Desechos y Recursos del Reino Unido (WRAP, por sus siglas en inglés). “El metano es 23 veces más potente que el CO2 como gases de efecto invernadero”, añadió.

Como tal, WRAP calcula que cada tonelada de comida y bebidas desechadas equivale a casi 3.8 toneladas de emisiones de gas invernadero que de otra manera pudieron haberse evitado.

“Aplicando este factor a la cantidad del desecho de alimentos en el Reino Unido, nos lleva a un estimado de 17 millones de toneladas de CO2 en el 2012, el equivalente a las emisiones de 1 de cada 5 carros en nuestras calles”, dijo Swannell.

Y sin embargo un estudio reciente reveló que un 40% de la comida que tiran los consumidores europeos todavía está en su empaque original cuando aterriza en el bote de basura. Todo esto hace que nos preguntemos: ¿Por qué tanto desperdicio?

Pichler dice que el toque de ‘alto nivel’ tipo revista de modas en sus fotografías reflejan lo que él ve como “sobremercantilización” de alimentos como un accesorio de modo de vivir.

“Con programas incontables de cocina y anuncios más seductores que nunca, la comida se ha convertido en una gran parte de la industria cultural”, dijo. “Esto, junto con la falsa economía de compras en masa, es parte del por qué la gente compra más de lo que usa”.

“Es particularmente un fenómeno occidental”, añadió.

El doctor Ulf Sonesson es un científico en sistemas ambientales en el Instituto de Alimentos y Biotecnología de Suecia, el organismo comisionado por la FAO para coordinar su reporte de desechos alimenticios.

Él está de acuerdo con Pichler en que el problema es sintomático de la cultura occidental de los bienes desechables baratos. Su investigación descubrió, probablemente de forma sorpresiva, que en Europa y en Estados Unidos, cada consumidor tira entre 95 y 115 kilos de comida al año, mientras que solo de 6 a 11 kilos de bienes comestibles son desechados por persona en el África subsahariana y en el este de Asia.

Sonesson afirma que el problema se forma en la lógica de la economía básica. A pesar de algunas fluctuaciones mercantiles recientes, el precio de los alimentos en las naciones industrializadas sigue bajando, por lo que hay menos incentivos para pensar en lo que hay en el refrigerador o para hacer un esfuerzo por evitar cocinar más de lo que necesitamos.

“Como resultado, hoy en día sabemos menos sobre cocinar y la preparación de los alimentos… Mis padres y abuelos sabían cómo usar todo”, dijo él.

¿Qué necesitaríamos para regresar el tiempo? Swannell piensa que solo requeriría una serie de modificaciones relativamente pequeñas en nuestro comportamiento.

“Por ejemplo, tomándote solo cinco minutos para revisar tu alacena y refrigerador antes de hacer tu lista del supermercado puedes evitar comprar ingredientes que ya tienes”.

“O cuando llegues a tu casa con tus compras, mete lo que puedas al refrigerador. Si tienes paquetes grandes de pollo o pescado, divídelas y congela porciones pequeñas”.

Pero no solo es culpa de los consumidores. Pichler dice que los supermercados son culpables de desechar grandes cantidades de alimentos por razones aparentemente frívolas.

“Hay una tendencia en los supermercados por presionar a los productores de alimentos para que les entreguen productos “perfectos”. Esta presión es la culpable de las prácticas comunes de descartar alimentos y destruirlos inmediatamente después de cosecharlos por imperfecciones menores”, apuntó.

“Más aún, no es inusual para las cadenas de supermercados el adquirir un exceso de alimentos a propósito, para que los anaqueles puedan estar totalmente atascados de artículos perecederos hasta la hora del cierre”, dijo.

Pero la corriente puede estar cambiando. Swannell apunta que a pesar de que lleva mucho tiempo sucediendo, finalmente, en algunas naciones la gente ya se da cuenta del problema. Él señala que durante el 2007, el Reino Unido tiró 8,3 millones de alimentos, pero para el 2010 esa cifra ha caído a 7,2 millones.

Solo el tiempo dirá si el resto del mundo industrializado seguirá la tendencia.(2)

En un artículo de EUFIC (European Food Information Council) titulado: Cómo minimizar el desperdicio de alimentos, nos explican algunas formas para que este despilfarro disminuya (3):

Actuar contra el desperdicio de alimentos: En la Directiva Marco sobre los residuos de la UE 2008/98/CE, una jerarquía para el tratamiento de los residuos da prioridad a la reducción de los residuos en su origen, seguida de la reutilización, el reciclado y la valorización, mientras que la eliminación es el ultimo recurso. Este concepto ha sido aplicado a los residuos alimenticios por la Agencia de protección del medio ambiente de Estados Unidos. Tras tratar de reducir los residuos en un primer momento, sugiere a continuación que los alimentos comestibles se redistribuyan entre personas, animales y a continuación a la industria.

En Europa, existen más de cien iniciativas para reducir la acumulación de residuos alimenticios. Las estrategias incluyen la concienciación a través de campañas, información, formación, medición de residuos y mejora de la logística. Sin embargo, la actividad es reciente y la evaluación limitada, por lo que se debe continuar con ambas.

Medición del desperdicio de alimentos: El proceso de separación de los alimentos de otros residuos puede servir como vehículo de concienciación. La recogida por separado de residuos alimenticios ofrece ventajas para el medio ambiente (los residuos alimenticios se someten a compostaje y se descomponen aeróbicamente), pero su influencia en la reducción de los residuos alimenticios aún no se ha cuantificado. Los niveles de medición e información sobre residuos fomenta aún más el compromiso; la utilización de metodologías normalizadas a nivel nacional permitiría un análisis y una prevención específicos, que podrían ser impulsados por el establecimiento de objetivos de prevención de residuos.

Realización de campañas: El Programa de acción de residuos y recursos (Waste & Resources Action Programme, WRAP) realiza campañas en el Reino Unido para que la población «ame los alimentos y odie el desperdicio» (del lema en inglés «Love Food, Hate Waste»), y registró una reducción de residuos del 13% en un periodo de 3 años (2006/7–2010). El programa WRAP concluyó que las personas que planifican, hacen listas de la compra y controlan la comida de la que disponen desperdician menos alimentos que los «compradores espontáneos». La organización anima a las personas a aprovechar las sobras y a utilizar los alimentos con fecha de caducidad próxima en nuevas recetas. La concienciación a nivel de los consumidores también sería un vehículo de concienciación en la cadena alimentaria.

Un método consistiría en inculcar hábitos para minimizar el desperdicio por medio de clases de cocina; por ejemplo, la autoridad local de Bruselas (Bruxelles Environnement) formó a 1.000 personas en 2009. El Parlamento Europeo ha recomendado que se incorpore esta formación práctica a los planes de estudio. Existen oportunidades educativas similares en la industria hostelera. Los proveedores de servicios de catering pueden ayudar a reducir el desperdicio anticipando la demanda en función de las reservas y de encuestas de opinión de los clientes. Al mismo tiempo, la práctica de permitir que los comensales de un restaurante se lleven las sobras a casa (en un recipiente conocido como «doggy bag») es común en EE. UU., pero es motivo de recelo en algunos países de la UE. Es necesario que hagamos un esfuerzo para dejar a un lado la vergüenza. Las sobras deben refrigerarse en un plazo de 2 horas y consumirse en un plazo de 24 horas, bien recalentadas en su totalidad.

Comunicar la frescura: Deben darse garantías a los consumidores de que «…utilizar su propio juicio (visual, olfativo y paladar) resulta adecuado para numerosos productos alimenticios», excepto cuando haya vencido la fecha de caducidad. Los estudios de la Autoridad de Seguridad Alimentaria de Irlanda destacan que gran parte de los consumidores irlandeses (el 46%) afirmaron no tener ningún problema para consumir alimentos después de su fecha de caducidad y, por lo tanto, poner en riesgo su salud. Los productos cuya fecha de caducidad haya vencido podrían estar contaminados con bacterias dañinas y aun así no mostrar cambios y, por lo tanto, no deberían consumirse. Los consumidores deberían asegurarse de que el envase esté intacto y, en concreto, de que los productos desecados, como el azúcar, la harina y el café, no estén húmedos y no presenten insectos.

Una mayor orientación para los comercios contribuiría a normalizar la comunicación de las fechas y las indicaciones para el almacenamiento (lo que podría aumentar notablemente la vida media de los productos, por ejemplo, manteniendo los productos secos en envases herméticamente cerrados). Los congeladores ofrecen la oportunidad de conservar los alimentos. Las indicaciones sobre el etiquetado de los alimentos en lo que respecta a las instrucciones de congelación deben armonizarse de forma que los consumidores puedan congelar los alimentos con total seguridad. Los comercios minoristas también pueden ayudar a los consumidores fomentando el uso (la venta) de etiquetas y marcadores para congelador, recipientes de almacenamiento, bolsas isotérmicas (para llevar a casa los alimentos enfriados) y termómetros para frigorífico (para mantener los frigoríficos domésticos entre 0ºC y 5ºC.

La innovación en el envasado puede reducir los residuos (y el impacto medioambiental en general) mediante la mejora de los materiales y las características del diseño, como los envases herméticos reutilizables y el desarrollo de películas «inteligentes» que indiquen la pérdida de frescura mediante un cambio de color.

Redistribución de alimentos en buen estado: Los excedentes de alimentos deben continuar descendiendo en la jerarquía de la gestión de residuos y redistribuirse. El Parlamento Europeo ha solicitado a la Comisión Europea la elaboración de unas directrices claras sobre la seguridad del uso de estos alimentos.

Entre los desechos se pueden encontrar alimentos perfectamente comestibles que han sido rechazados por su aspecto. Para abordar esta cuestión, se ha distendido la ley europea que regula las normas de calidad de las frutas y hortalizas (CE N.º 1221/2008) con el fin de permitir la venta de productos menos estéticos. No obstante, su venta y utilización requieren la aceptación del consumidor. El nivel de calidad puede reflejarse en el precio. Con el fin de reducir el desperdicio, los comercios minoristas recurren a precios promocionales para los productos ligeramente deteriorados o con fecha de caducidad próxima (práctica prohibida en algunos Estados miembros). Es preferible ofrecer descuentos que comprar al por mayor, pero existe el riesgo de modificar el comportamiento del consumidor en materia de residuos (animándolo a hacer compras excesivas) e incluso de incitar al consumo excesivo. Los bancos de alimentos tienen en este sentido un papel destacado. Numerosos países (como Austria, Dinamarca, Italia, España o el Reino Unido) cuentan con eficaces programas de bancos de alimentos, en los que los excedentes se transportan desde los comercios minoristas hasta las personas necesitadas o a otros puntos de venta (por ejemplo, almacenes de descuento o mercados locales), pero estos funcionan a pequeña escala.

UN AHORRO GLOBAL: Como afirma la Organización para la Alimentación y la Agricultura, «es necesario darle un uso apropiado y beneficioso a los alimentos seguros que se desechan en la actualidad». Se estima que el desperdicio de alimentos aumentará con el crecimiento de la población, la demanda de alimentos y el aumento de la riqueza. La industria alimentaria, los comercios minoristas y los consumidores deben concienciarse y tomar medidas al respecto. Unas pocas medidas de eficiencia no solo resultarían beneficiosas para nuestro bolsillo, sino que tendrían resultados positivos a nivel mundial (3).

Fuentes:

(1) http://www.vanguardia.com.mx/el_desperdicio_de_comida_en_numeros-1206622.html

(2) http://cnnespanol.cnn.com/2012/07/06/el-constante-desperdicio-de-los-alimentos-tambien-lastima-al-planeta/
(3) http://www.eufic.org/article/es/page/FTARCHIVE/artid/How-to-minimise-food-waste/