Sobre los restos de plaguicidas en los alimentos.

plaguicidas

Los plaguicidas son útiles pero a la vez tóxicos ¿estamos seguros con los residuos que persisten en nuestros alimentos?

Los plaguicidas son compuestos químicos utilizados para combatir las plagas y enfermedades que ponen en peligro la producción agrícola. Y estas sustancias se vinculan con una gran cantidad de efectos tóxicos para la salud humana.

La agricultura orgánica intenta evitar el uso de plaguicidas y otros insumos, como fertilizantes y abonos sintéticos, con el fin de lograr un nivel óptimo de salud y productividad de las comunidades interdependientes de organismos del suelo, plantas, animales y seres humanos. No obstante, los alimentos producidos orgánicamente tampoco están libres totalmente de residuos tóxicos, debido a la contaminación ambiental generalizada.

Para que un producto sea realmente orgánico, debe incluir una etiqueta que nos indique que el alimento se ha producido con arreglo a las normas de producción orgánica, y que está certificado por un organismo o autoridad de certificación debidamente autorizada.

A pesar de que el consumo de alimentos orgánicos ha aumentado considerablemente en los últimos tiempos, la mayor parte de consumidores nos abastecemos de productos cultivados con agricultura común y que han sido tratados con plaguicidas en la mayor parte de los casos.

¿Qué tipo de sustancias se utilizan como plaguicidas?

Los plaguicidas más utilizados son los insecticidas y herbicidas, los primeros destruyen a los insectos y los segundos a las malas hierbas, pero también se emplean los fungicidas para destruir los hongos.

Desde el punto de vista químico, se dividen en orgánicos e inorgánicos, siendo los más utilizados los primeros y, habitualmente, de origen sintético, a pesar que existen algunos compuestos naturales.

Los grupos más clásicos de plaguicidas son los siguientes:

1.- Organoclorados, constituidos por un grupo de hidrocarburos que incluyen uno o más átomos de cloro en su composición. Son algunos ejemplos el clordano, el dietil y el DDT.
2.- Organofosforados, formados por ésteres del ácido fosfórico, fosfónico, fosfotióico, entre otros. Son ejemplos de este grupo el malation, diazinon y diclorvos.
3.- Carbamatos, son sales o ésteres del ácido carbámico, como el carbaril y el propoxur.
4.- Piretrinas, las hay de origen natural y también piretroides sintéticos, como el cipermetrin o D-fenotrin.
5.- Triazinas, herbicidas clásicos formadas por anillos triazínicos, como la trazina, simazina, etc.
6.- Ureas sustituidas, son principalmente herbicidas, aunque algunas se emplean, también, como insecticidas. Son ejemplos de este grupo el monuron o el linuron.

Además de los mencionados, se han desarrollado otros compuestos como las sales de amonio cuaternario, acetamidas, oximas, triazoles, entre otros muchos.

¿Cómo se controla la presencia de plaguicidas en los alimentos?

Los Gobiernos están obligados a incluir en su legislación alimentaria unos Límites Máximos de Residuos en el agua y alimentos, de obligado cumplimiento, para proteger la salud de los consumidores y regular su presencia en el ambiente.

Y la OMS, a través de la Comité Mixto FAO/OMS de Expertos en Aditivos Alimentarios (JECFA), evalúa los residuos de los plaguicidas en los alimentos. En las evaluaciones se tienen en cuenta todos los datos presentados para solicitar el registro de plaguicidas en todos los países, así como los estudios científicos publicados en revistas arbitrarias. Una vez evaluado el riesgo, la JECFA establece un límite de ingesta sin riesgos de los restos de plaguicidas presentes en los alimentos, de forma que una persona pueda ingerirlos a los largo de toda su vida sin perjuicio para su salud.

Los Gobiernos y los organismos encargados de gestionar los riesgos, como la Comisión del Codex Alimentarius, establecen unos límites máximos de residuos de plaguicidas en los alimentos, basándose en la ingesta diaria admisible, establecida por la JECFA.

Riesgos para la salud humana de los plaguicidas.

Según nos dice la OMS, en el mundo se utilizan más de 1000 plaguicidas para evitar las plagas que azotan a los cultivos agrícolas (verduras, hortalizas, frutas, granos, etc.) y cada compuesto tiene unas características toxicológicas diferentes.

Algunos de ellos, como el DDT, aldrín, dieldrín, etc. han sido prohibidos por los países que firmaron el Convenio de Estocolmo, cuyo fin es proteger la salud humana y ambiental de los contaminantes orgánicos persistentes. Este convenio entró en vigor en Estocolmo en el año 2004 y, en los siguientes 10 años a su constitución, ya estaba firmado por 171 países del mundo.

Los contaminantes orgánicos persistentes se caracterizan por su fuerte toxicidad y resistencia a la descomposición, por lo que permanecen en el ambiente durante años e incluso décadas. Además, se acumulan en los tejidos grasos de los seres vivos y van pasando de un organismo a otro a través de la cadena trófica.

Los efectos tóxicos de los de los contaminantes orgánicos persistentes afectan a los humanos y animales, produciendo cáncer, incluso en pequeñas cantidades de exposición. También, alteraciones del sistema inmunitario, daños al sistema nervioso central, al hígado, alteraciones cardiovasculares, endocrinas, defectos de nacimiento y alteraciones de la reproducción.

Según se describe en el 10º Aniversario del Convenio de Estocolmo, los contaminantes orgánicos persistentes se encuentran por todo el mundo. Su transporte depende de la temperatura, ya que tienen la capacidad de evaporarse, y su migración se produce según el conocido como «efecto saltamontes», se evaporan en lugares cálidos y cabalgando con el viento y sobre partículas de polvo, se asientan en la tierra sobre lugares fríos, desde donde vuelven a evaporarse y se repite el salto.

De forma general, los plaguicidas pueden clasificarse según sus efectos potencialmente tóxicos para la salud en:

1.- Cancerígenos: pueden producir cáncer.

2.- Neurotóxicos: son tóxicos para sistema nervioso.

3.- Teratógenos: afectan al feto durante la gestación.

No obstante, el mismo plaguicida puede tener uno o varios de los anteriores efectos según la dosis o la vía de exposición, es decir, si es inhalado, ingerido o penetra a través de la piel. Y los insecticidas son más tóxicos que los plaguicidas.

¿Quiénes están más expuestos a los efectos de los plaguicidas?

Los trabajadores agrícolas son los que se exponen más directamente a estas sustancias, así como las personas que habitan en zonas próximas en el momento en que se propagan o poco después.

La exposición a los plaguicidas de los consumidores, excepto en circunstancias accidentales, tiene lugar a través de la ingestión de los residuos de los mismos que permanecen en las frutas, verduras y hortalizas.

¿Cómo podemos prevenir?

Para evitar la exposición a estos productos, las personas que practican jardinería o agricultura domiciliaria, deberían protegerse adecuadamente, con máscaras, guantes, etc., así como seguir las instrucciones de uso de los plaguicidas.

A pesar de que los productos agrícolas que consumimos están sujetos a la regulación legislativa en cuanto un Límite Máximos de Residuos, nosotros podemos minimizar la exposición lavando bien o pelando las frutas u hortalizas, al mismo tiempo que evitamos la contaminación por bacterias patógenas.

Por tanto, un lavado riguroso bajo el chorro del grifo de todas las frutas, verduras y hortalizas que comamos, aunque estén aparentemente limpias, elimina residuos de estas invisibles sustancias tóxicas.

Fuentes:

– Organización Mundial de la Salud. OMS. “Residuos de plaguicidas en los alimentos”. Nota descriptiva. Julio de 2017.
– Guillermina Font, Mónica Fernández, MªJosé Ruiz, Yolanda Picó. “Residuos de los plaguicidas en los alimentos”. Monografía. Serie: Ciencias de los alimentos/Nutrición. Ed. Díaz de Santos. Madrid 2012.
– Convenio de Estocolmo “10 aniversario”. Programa de las Naciones Unidas para el medio ambiente. ONU, Puma, Convenio de Estocolmo.

Imagen:
http://www.infoalimentacion.com/noticias/2011/3/images/4623_lmr.jpg

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