Los antiespumantes ¿sabes qué son?

antiespumantes

– Marina Muñoz Cervera –

Los antiespumantes reducen la espuma producida por algunos alimentos y bebidas.

Durante el procesado de numerosos productos comerciales, se adicionan sustancias que evitan la excesiva formación de natas y espumas.

A medida que avanzamos en la revisión de los aditivos alimentarios, aprobados actualmente por el Codex Alimentarius, vamos siendo conscientes de que no todos son inocuos, que muchas evaluaciones efectuadas por la JECFA (Comité de Expertos sobre Aditivos Alimentarios y Contaminantes de la OMS y FAO) son antiguas y que muchos productos no tienen una Ingesta Diaria Admisible (IDA) específica, a pesar de que, posteriormente a su evaluación, se han descrito efectos secundarios considerables.

No podemos olvidar que las bebidas comerciales, incluidos el vino y la cervera, excepto cuando su fabricación es artesanal, están igualmente cargadas de aditivos y, entre otros, figuran los antiespumantes, que permiten que consumamos la bebida en cuestión, de la forma más placentera posible, que pueda envasarse convenientemente y que dure mucho tiempo sin estropearse.

¿Qué sustancias se utilizan como antiespumantes?

– Aceite mineral de alta viscosidad y cera microcristalina:

Código: 905d y 905c(i), en Europa E-905d y E-905c(i).

Estos aditivos derivan del petróleo y se utilizan, también, como agentes de recubrimiento y lubricantes.

El IDA especificado por la JECFA para los aceites minerales de alta viscosidad es de 0 a 20 mg/kg, mientras que las ceras microcristalinas figuran como “Retiradas” en las especificaciones de la JECFA. Fueron evaluados por última vez en 1995.

Como efectos adversos de estas grasas sólidas parafinadas se describen cuadros de malabsorción intestinal, entre otros efectos residuales.

– Alginato de calcio:

Código: 404, en Europa E-404.

Este aditivo no tiene un IDA (Ingesta Diaria Admisible) especificado por la JECFA y fue evaluado por última vez en 1992.

Es un derivado del ácido algínico que se obtiene de algas naturales. Su exceso puede tener efecto laxante y reducir la absorción de vitaminas y minerales.

– Dióxido de silicio amorfo:

Código: 551, en Europa E-551.

No tiene un IDA específico y su evaluación más reciente fue en 1985.

Este aditivo, considerado como inocuo, se obtiene de rocas minerales y se utiliza para sopas de sobre, ajo en polvo, chicle, arroces blancos, vainilla, etc.

– Monoglicéridos y diglicéridos de ácidos grasos:

Código: 471, en Europa E-471.

No están limitados por la JECFA y fueron evaluados en 1973.

Se utilizan, también, como agentes de recubrimiento, emulsionantes, antioxidantes, gelificantes y soporte para colorantes en multitud de productos de bollería, cereales para desayuno, etc.

Su consumo excesivo puede producir una mala asimilación de los ácidos grasos esenciales, entre otros efectos adversos descritos.

– Polidimetilsiloxano:

Código: 900a, en Europa E-900a.

Este aditivo, derivado de la silicona, fue evaluado por la JECFA en el año 2011 con un IDA de 0 a 1,5 mg/kg.

Es un antiespumante y soporte para agentes de recubrimiento, que se utiliza en vinos, zumos de frutas, leche en polvo, aceites, licores, mermeladas, etc.

Su consumo excesivo podría producir lesiones de hígado, riñón, sistema nervioso, etc.

– Polietilenglicol:

Código: 1521, en Europa E-1521.

Empleado en edulcorantes y sabores artificiales, se obtiene por hidrólisis del óxido de etileno.

Está limitado por la JECFA a un IDA de 0 a 10 mg/kg y su última evaluación fue en 1979.

Como efectos secundarios de su abuso se encuentran alergias y cáncer.

Cuando tomamos una bebida o un alimento procesado industrialmente (ultraprocesado) no solo estamos consumiendo lo que “parece”. Lo que no vemos a simple vista, es todo un engranaje de sustancias que se añaden para que ese producto sea lo más perfecto posible desde el punto de vista tecnológico y comercial.

Las sustancias que hoy en día están aprobadas como aditivos, se evalúan para que sepamos que cantidad de las mismas podemos consumir al día, según nuestro peso, sin tener efectos adversos durante toda una vida. Pero ¿hemos hecho alguna vez los cálculos, sumando cada uno de los aditivos que consumimos a lo largo de todo un día? y ¿sabemos si estamos dentro de los límites de seguridad establecido para personas sanas? Seguramente, la respuesta a ambas preguntas será “no”.

Independientemente de la polémica que rodea a los aditivos aprobados por Codex, no dejan de ser sustancias superfluas que pueden entorpecer nuestro metabolismo, por si mismas o por sus efectos residuales, y también pueden impedir que nos nutramos de la forma correcta al interferir en los procesos normales de asimilación de grasas esenciales, vitaminas y minerales, entre otros.

¿Cuánto productos industriales consumes al día?

Entre bebidas comerciales, precocinados, chicles, caramelos, envasados diversos listos para su consumo, etc. ¿has hecho alguna vez la cuenta?

Mientras mayor sea la cifra que obtengamos, menor salud tendremos a corto o largo plazo.

Fuentes:

– Codex Alimentarius. “GSFA online”. Actualizado hasta la 39ª Reunión de la Comisión del Codex Alimentarius 2016.
– Corinne Couget. “Peligro: Los aditivos alimentarios”. Ediciones Obelisco. Barcelona, 2011. ISBN: 978-84-9777-492-5.
– Web www.aditivos-alimentarios.com

Imagen:

http://www.ab-laboratorios.com/img/p_pdf/1420.jpg

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