Un cuerpo limpio nos ayuda a mantener la salud.

cuerpo limpio

– Marina Muñoz Cervera –

La correcta limpieza de nuestro cuerpo nos ayuda a prevenir enfermedades.

De nuestra higiene depende la prevención de múltiples patologías. Muchas intoxicaciones alimentarias se originan en un lavado inadecuado de las manos. Pero no solo son importantes las manos, ya el resto del cuerpo alberga microorganismos que se desarrollarán más o menos, dependiendo del tipo de higiene que pongamos en práctica, así como de la frecuencia de la misma.

La FAO nos da unas pautas para llevar a cabo una adecuada limpieza corporal. Son interesantes, porque nos ayudarán a permanecer saludables.

Lejos de etiquetas como «limpio» o «sucio», vamos a saber cómo podemos mantener nuestro cuerpo sano y libre de microorganismos dañinos, que están en el ambiente.

¿Porqué es importante la higiene del cuerpo?

La respuesta parece obvia, porque limpiarse evita que la suciedad se acumule y los malos olores.

Sin embargo, no disponemos de un microscopio para observar cuántos gérmenes hay en cualquier ambiente.

Los microorganismos, invisibles a nuestros ojos, están en el suelo, en el aire que respiramos, en las superficies, en nuestra piel, cabello y en el tracto gastrointestinal de personas y animales.

Hay ambientes más contaminados que otros. No obstante, en cualquier ambiente existen gérmenes que entran por nuestra nariz, ojos, boca, genitales y heridas. Además, de propagarse, a través de nuestro contacto, fluidos, y secreciones, al agua que bebemos, comida, etc.

Parece algo alarmante pensar que haya tantos gérmenes en todas partes, pero así son los ecosistemas y tenemos que aprender a vivir y a desarrollarnos con la mejor salud posible dentro de nuestro mundo. Nuestro sistema inmunitario nos defiende, pero no siempre puede con todo.

Una higiene insuficiente favorece la propagación de enfermedades entre personas.

¿Cómo practicamos una correcta higiene personal?

Cambiar los hábitos de higiene personal es tan difícil como cambiar los hábitos alimentarios. Sin embargo, si aprendemos a lavarnos de forma correcta las partes de nuestro cuerpo más expuestas a los gérmenes ambientales, podremos ayudar a nuestros hijos, amigos, familia, etc.

– Las manos:

Nuestras manos son la primera fuente de microorganismos y los vamos traspasando a todo aquello que tocamos.

Tenemos que lavarlas con jabón y agua limpia, frotarnos durante 20 segundos fuera del chorro de agua y luego, las enjuagamos.

El lavado de manos correcto debe ponerse en práctica en los siguientes momentos:

– Después de ir al baño.
– Antes de comer.
– Antes y después de manipular alimentos.
– Después de estornudar, toser o sonarse la nariz.
– Después de tocar el pañal de un bebé.
– Antes de alimentar a un bebé.
– Después de tocar superficies públicas.
– Después de tocar o tirar la basura.
– Después de limpiar la casa.
– Después de practicar jardinera o tocar el suelo.
– Después de tocar animales.

La uñas deben mantenerse limpias y, a ser posible, cortas, ya que las uñas largas constituyen un lugar de elección para los microbios. No obstante, si las tenemos largas, debemos usar el cepillo para uñas a diario.

– El cuerpo:

Una higiene corporal diaria previene irritaciones de la piel e infecciones. Además, promueve un buen olor corporal y una sensación placentera de bienestar y comodidad.

El polvo, la transpiración, los fluidos corporales y el calor, también favorecen el desarrollo de microorganismos en nuestro cuerpo. Por eso, una ducha o baño, diario, con agua limpia y jabón, nos ayudará a mantenernos sanos.

Tenemos que lavarnos comenzando desde arriba, es decir, primero la cabeza, cara, espaldas, área abdominal, piernas, órganos sexuales y pies. Lavar con cuidado zonas, como detrás de las orejas, detrás del cuello, las axilas, la ingle, nos ayudará a eliminar aquellos gérmenes que se están multiplicando gracias al sudor.

La cara se debe lavar con agua jabón por la mañana y por la noche. Los oídos deben mantenerse limpios, así como los pies, especialmente cuando caminamos sin zapatos; tenemos que lavar cuidadosamente los espacios entre los dedos y mantener las uñas cortas y limpias.

El cabello debe estar limpio y lavarse con frecuencia.

No se recomienda intercambiar con otra persona los objetos de aseo personal, como esponjas, cepillos, peines, máquinas de afeitar y toallas.

Actualmente, existen miles de productos para la higiene personal. Deberíamos escoger aquellos jabones dermatológicamente testados y que no sean agresivos para nuestra piel.

– La boca:

De la salud de nuestra boca, dependerá que la acción de masticar se lleve a cabo de correcta. Por ello, es necesario cepillar los dientes después de cada comida, durante 2 minutos.

Según la FAO, el cepillado debe realizarse con movimientos circulares suaves, hacia arriba y abajo, por enfrente, por detrás y a través de la parte alta de la boca.

No se recomienda intercambiar el cepillo dental con otra persona, y tenemos que reemplazar el cepillo dental por otro nuevo, periódicamente y en especial, después de padecer enfermedades, como la gripe.

Otras medidas de higiene bucal son:

– Utilizar nuestro propio vaso para beber agua, así como el plato y servicios de mesa.
– No poner objetos o los dedos en el interior de la boca.
– No escupir en espacios públicos.

– La nariz:

Nuestra nariz es otro de los lugares de elección de los microorganismos. Unas buenas prácticas de higiene nos ayudarán a impedir su propagación.

Para sonar la nariz, tenemos que emplear toallitas de papel limpias, que también utilizaremos para taparnos la boca cuando estornudemos o tosamos. Si no tenemos pañuelos en el momento de estornudar, podemos taparnos la boca con el brazo, pero no con la mano.

Todas las bacterias que pasen a las manos, si no las lavamos, van a propagarse a las personas u objetos que toquemos después.

– Ropa de vestir, camas y toallas:

La ropa limpia es una parte muy importante de nuestra higiene personal. La FAO nos recomienda los siguiente:

– Cambiar, a diario, la ropa interior y los calcetines.
– Utilizar ropa para vestir limpia y cambiarla y lavarla periódicamente.
– No intercambiar la ropa de vestir con otras personas.
– Quitarse el abrigo o la chaqueta al llegar a casa y colgarlos al aire.
– Cambiar la ropa de cama una vez a la semana, como mínimo y, sobre todo, después de una enfermedad.
– Cambiar y lavar con frecuencia las toallas de aseo.
– Las toallas de cocina son lugares de proliferación de gérmenes y deben lavarse con frecuencia, preferentemente, separadas de otra ropa.

Con esta entrada, hemos comenzado la lección 11 (Tema 4) del curso de la FAO Alimentarnos bien para estar sanos, que estamos incluyendo dentro de la categoría Lecciones de alimentación sana de este blog.

Aparentemente, la higiene no tiene que ver con nuestra alimentación. Sin embargo, todo está interrelacionado, desde cómo cuidamos nuestro aseo a cómo mantenemos nuestro ambiente. Un ambiente limpio, ordenado y saludable en nuestra casa, nos ayuda mantenernos sanos y también a proteger nuestros alimentos.

Fuente:

Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). “Alimentarse bien para estar sanos”. Depósito de documentos de la FAO. Roma, 2013. ISBN 978-92-5-107610-1.

Imagen:

https://poder1844.files.wordpress.com/2012/09/frecuencia-para-lavarse-la-cara.jpg

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