Sobre y subalimentación, algunos datos.

sobre y subalimentación

– Marina Muñoz Cervera –

La obesidad y el sobrepeso siguen siendo malnutriciones con elevada prevalencia, mientras que la subalimentación asola algunas regiones de mundo.

En el año 2014, las estadísticas de la OMS indican que las cifras de sobrepeso y obesidad superaron los 1900 millones de personas en el mundo.

600 millones de obesos en 2014 contrastan con los 795 millones de personas subalimentadas que existían el mismo año y se estima persistan en el 2016.

Del total de la población adulta mundial (mayor de 18 años), el 39% padecía sobrepeso en el 2014 y el 13%, obesidad.

En el año 2013 más de 42 millones de niños menores de 5 años tenían sobrepeso.

La sobre alimentación no es sinónimo de buena nutrición, por el contrario, denota malnutrición. Mientras que la subalimentación conduce a subnutrición o desnutrición.

Síntomas de la carencia y el exceso.

Esta doble carga de morbilidad se suele dar en países de medios y bajos ingresos y en la misma casa pueden existir ambos extremos.

El alto consumo de alimentos vacíos de nutrientes puede ocasionar sobrepeso y obesidad en los padres y hermanos, sin embargo, la no aceptación de esa misma cantidad de «comida» por parte de los hijos o un metabolismo diferente, puede causar desnutrición en el sentido de subnutrición en algunos niños de la misma familia. En estos casos, suele existir por parte de los padres un desconocimiento total sobre las necesidades alimentarias de la infancia y las propias.

El IMC es una norma antropométrica para definir la composición del cuerpo en hombres y mujeres.

Es solo orientativa, pero nos ayuda a medir el sobrepeso, la obesidad, así como los estados de subnutrición.

Síntomas más frecuentes al aumentar el IMC:

– Vida sedentaria.
– Enfermedades cardiovasculares.
– Diabetes.
– Riesgo de algunos cánceres.
– Trastornos discapacitantes del aparato locomotor (osteoartritis).
– Problemas de salud diversos causados por el desequilibrio entre macro y micronutrientes.

La obesidad infantil se asocia con una mayor probabilidad de obesidad, muerte prematura y discapacidad en la edad adulta.

Síntomas más frecuentes al disminuir el IMC:

– Delgadez en comparación con la altura.
– Energía insuficiente para una actividad normal.
– Desatención, letargo.
– Vulnerabilidad a diversas enfermedades.
– Mala salud materna e infantil.
– Problemas de salud derivados del desequilibrio de macro y micronutrientes.

Como vemos, el último punto es coincidente en un IMC alto y bajo, tanto en la sobrealimentación como en la subalimentación existe un desequilibrio de nutrientes que afecta al estado de salud.

Lo paradójico de todo esto es que en una persona obesa también puede existir hambre oculta, por desequilibrio de nutrientes básicos. La ingestión exagerada de alimentos de baja calidad nutricional que llenan el estómago pero no nutren, produce carencias de micronutrientes.

Las tres vertientes de la prevención de la obesidad.

Se puede prevenir la obesidad, sin embargo, para ello es necesario la actuación de tres frentes que actúen de forma conjunta:

Desde el plano individual:

– Limitando la ingesta energética procedente de la cantidad de grasa total y azúcares.

– Aumentando el consumo de frutas y verduras, así como de legumbres, cereales integrales y frutos secos.

– Realizando una actividad física periódica, 60 minutos diarios para los jóvenes y 150 minutos semanales para los adultos.

Ahora bien, la responsabilidad individual solo puede tener un pleno efecto si tenemos acceso a un modo de vida saludable, porque es difícil proponerse metas de vida sana cuando existen «pseudoalimentos» vendiéndose por todos lados.

Desde el plano social:

– Dando apoyo a las personas en el cumplimiento de sus metas individuales, mediante un compromiso político sostenido y la colaboración de las partes interesadas públicas y privadas.

– Logrando que la actividad física periódica y los hábitos alimentarios saludables sean accesibles y económicamente asequibles para todos.

Desde el plano industrial:

– Reduciendo el contenido de azúcar, grasa y sal de los alimentos elaborados.

– Asegurando que todos los consumidores puedan acceder física y económicamente a alimentos sanos y nutritivos.

– Poniendo en práctica una comercialización responsable.

– Asegurando la disponibilidad de alimentos sanos y apoyando la práctica de una actividad física periódica en el lugar de trabajo.

Las tres vertientes de prevención mencionadas son necesarias para prevenir y evitar el sobrepeso y la obesidad, así como la protección social es básica en la reducción de la subalimentación.

Entradas relacionadas:

La Malnutrición, la Desnutrición y el “Hambre Oculta”.

Fuentes:

– OMS. Centro de Prensa. “Obesidad y sobrepeso”. Nota descriptiva N°311. Enero de 2015.
http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs311/es/

– FAO. “El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo 2000: El espectro de la malnutrición”. FAO, 2000. ISBN 92-5-304479-9.

– FAO, FIDA y PMA. 2015. “El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo 2015. Cumplimiento de los objetivos internacionales para 2015 en relación con el hambre: balance de los desiguales progresos”.
ISBN 978-92-5-308785-3

Imagen:
http://www.otromundoesposible.net/wp-content/uploads/2013/06/gordos-y-famelicos.jpg

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