El consumo de “comida basura” durante el embarazo puede afectar al bebé.

experimentación
Marina Muñoz Cervera –

Las madres embarazadas que comen “comida basura” podrían pasar este hábito a sus bebés, ha demostrado un estudio llevado a cabo en ratas y publicado en FASEB Journal, The Journal of the Federation of American Societies for Experimental biology, con el título Eating junk food while pregnant may make your child a junk food addict (1)(2).

La noticia que aparece, hoy 27 de marzo de 2013, en El Mundo.es, escrita por un autor relevante como es José Mª Ordovás, Director del laboratorio de Nutrición y Genómica del USDA-Human Nutrition Research Center on Aging de la Universidad de Tufts (EEUU), Profesor de Nutrición y Genética, Director Científico del Instituto Madrileño de Estudios Avanzados en Alimentación (IMDEA) e Investigador Colaborador Senior en el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (Madrid), nos dice lo siguiente:

“Este estudio demuestra que el consumo de comida ‘basura’ se puede considerar como una adición, ya que utiliza los mismos circuitos químicos que las drogas comunes (opio, morfina o heroína)” (1).

“La alimentación de la madre durante el embarazo ‘educa’ las papilas gustativas del feto a través del líquido amniótico. Por ejemplo, si la madre tiene una dieta rica en frutas y vegetales, el bebé aceptará más rápidamente estos alimentos cuando empiezan a ser introducidos en su dieta sólida. Lo mismo se ha demostrado de condimentos con reconocidas propiedades saludables, como es el caso del ajo” (1).

“Esta habituación del paladar se extiende también al periodo de la lactancia. Esto es lógico, ya que el niño asocia estos alimentos con la ‘seguridad’ materna. Pero, lamentablemente, la habituación no está reservada exclusivamente a los alimentos saludables sino también a los que no lo son. Esto último ha quedado claramente evidente en una investigación aparecida en la revista’FASEB Journal’ que demuestra cómo las madres embarazadas que consumen ‘comida basura’ pasan a sus bebés este hábito con las consecuencias adversas que esto supone, a corto y largo plazo” (1).

“Estos investigadores demuestran que se debe a los cambios que la dieta materna induce sobre el circuito de señalización de opiáceos en el cerebro del recién nacido. Esto hace a los bebés menos respondedores a los opiáceos, que son liberados fisiológicamente de manera natural cuando se consumen alimentos ricos en azúcar y grasas. Como resultado de esta tolerancia a la ‘comida basura’ necesitan consumir más de la misma para conseguir la sensación de bienestar esperada, y deseada, lo que les lleva a la obesidad y a otros problemas metabólicos que con el tiempo aumentarán el riesgo cardiovascular y de otras enfermedades” (1).

“Aunque esta investigación fue llevada a cabo en ratas, los investigadores se muestran altamente confiados en que el mismo mecanismo debe ocurrir en humanos. Por lo tanto, estos resultados deben ser utilizados para estimular a las madres a adoptar hábitos nutricionales más saludables, con el objetivo de transmitirlos a sus hijos” (1).

Parece ser que las investigaciones apuntan en la misma dirección respecto a las consecuencias del consumo de este tipo de comida.  Y no se refieren a comer una hamburguesa con patatas cada dos semanas, sino al consumo cotidiano y que ya forma parte de la alimentación normal de la persona, como una droga que no puede dejar de tomarse, si no se plantea seriamente la necesidad de hacerlo. 

Son industrias muy fuertes, sus intenciones siempre son vender mucho en poco tiempo, y sería mejor no caer en sus redes para no convertirnos en “adictos” a la mal llamada “comida”. 

Cuando miramos la típica hamburguesa que nos venden, y la pongo solo como ejemplo,  seguramente al ver que contiene un poquito de lechuga, tomate, cebolla, pepinillos, etc., pensemos que estamos comiendo incluso de forma sana, carne con vegetales. Claro, en ese momento no nos fijamos  en el queso, en la mantequilla que lleva el panecillo y en la calidad de la carne que han procesado para convertirla en más apetitosa; incluso podemos pedirla con bacon que no es más que tocino y, en muchas ocasiones con un huevo porque no sabemos que normalmente las hamburguesas llevan huevo para hacer más consistente la carne, por no hablar de las harinas refinadas que tienen la misma función.

El caso es que sin darnos cuenta, estamos comiendo otra cosa bien distinta a carne con vegetales, que huele muy rico, pero es pura grasa saturada y los poquitos vegetales no son suficientes para metabolizar tal cantidad de ese tipo de lípidos, teniendo en cuenta que básicamente los digerimos mal, y la proteína de esa carne es muy escasa.  Esa “comida” nos resta apetito para consumir una más saludable y sin tener otra intención que la de comer, hemos caído en la trampa porque, según nos cuenta el artículo anterior, nuestro cerebro ha liberado opiáceos mientras comíamos nuestra hamburguesa con una soda y nos han producido una agradable sensación placentera. Si comemos una no pasa nada, pero si nos enganchamos a la sensación y repetimos su consumo, y así continuadamente, nuestro organismo se va a volviendo resistente al efecto de la secreción de opiáceos y cada vez necesitaremos más cantidad de “comida basura” y con mayor frecuencia, para obtener el mismo efecto que obtuvimos con las primeras.

Os cuento todo esto porque explicado de forma muy básica sería el proceso que describe la interesante noticia, no obstante, sólo el tiempo y más estudios no ayudarán a comprender más y mejor cuáles son los efectos sobre nuestro organismo de este tipo de “comida”.

Todo lo que comemos o bebemos tiene una consecuencia,  buena, mala o regular para nuestro metabolismo y por ello creo que es importante que cuidemos la calidad de nuestros alimentos y bebidas. 

El conocimiento nos da la libertad para elegir con conocimiento de causa.

Os dejo el enlace de un importante artículo que Medline Plus publicó el 15 de enero de 2013 con el título: Relacionan la comida rápida con el asma, el eczema y la fiebre del heno en los niños (3). En el mismo, que no puedo reproducir por sus protección de derechos de autor, no hablan de un consumo en niños de dos a tres veces a la semana de “comida rápida”; y aunque no lo consideran como concluyente, a pesar de que está realizado sobre una muestra poblacional, si parece ser que supone un indicio más a tener en cuenta a la hora de elegir un tipo de comida u otra.

Enlaces relacionados:

¿Nos vuelven adictos a la “comida basura”?
Relevancia de la nutrición durante el embarazo.

Fuentes:

(1) José Mª Ordovás “La comida basura es adictiva (también para los bebés)”. El Mundo.es. Madrid 27-3-2013.
http://www.elmundo.es/elmundosalud/2013/03/26/noticias/1364325801.html
(2) Jessica R. Gugusheff, Zhi Yi Ong, and Beverly S. Muhlhausler. A maternal “junk-food” diet reduces sensitivity to the opioid antagonist naloxone in offspring postweaning. FASEB J March 2013 27:1275-1284, doi:10.1096/fj.12-217653 ; http://www.fasebj.org/content/27/3/1275.abstract
(3) Health Day. Medline Plus. “Relacionan la comida rápida con el asma, el eczema y la fiebre del heno en los niños”
http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/news/fullstory_133107.html

Imagen: http://img.webme.com/pic/p/pruebasdesexadosenaves/ratas-7.jpg
Origen: http://www.taringa.net

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