¿Nos vuelven adictos a la “comida basura”?


ley de seguridad alimentaria

Marina Muñoz Cervera –

El día 8 de marzo de 2013, El Confidencial publicó una importante noticia sobre el contenido de los snacks y de la denominada comúnmente, comida rápida, también llamada basura, como causantes de adicción a su consumo (1).

El artículo da a conocer el último libro publicado por Michael Moss (ganador del Pulitzer 2010 por su investigación sobre la carne contaminada) sobre las prácticas ocultas de la industria alimentaria. Con el título “Salt, Sugar, Fat: How the Food Giants Hooked” (Sal, azúcar y grasa: cómo los gigantes de la alimentación nos han enganchado) (1) (2) (3) este autor denuncia las sustancias que se utilizan en la comida rápida para causar adicción (1).

La noticia del Confidencial lleva por título: “Los mismos efectos de la cocaína”: qué le ponen a la comida basura para que te enganches”, y dice así (1):

“Los alimentos procesados no están fabricados con el objetivo de calmar nuestro apetito. Más bien todo lo contrario, arranca el galardonado periodista: Su procesamiento está pensado para lograr el vínculo perfecto entre el consumo de estos alimentos y la sensación de bienestar, al activar mecanismos cerebrales que nos hacen dependientes y aumentar así los beneficios de las multinacionales de la alimentación. Sal, azúcar y grasas son la tríade de sustancias indispensables en todos estos alimentos, cuya composición se ve alterada químicamente y su cantidad se adapta según el país y la edad de los consumidores objetivos” (1).

El punto de la felicidad, como denomina Moss a estas fórmulas, no solo aumenta el riesgo de sufrir sobrepeso u obesidad, sino que incrementa las posibilidades de contraer diabetes, asma y hasta esclerosis múltiple, según los estudios de referencia que maneja el periodista. Durante los tres años que empleó para elaborar la investigación, Moss consiguió entrevistarse con un buen número de CEOs de las grandes compañías de alimentación. Varios de ellos accedieron a su petición de probar los productos antes de ser modificados o con variaciones en las cantidades de grasa, sal o fructosa. De las galletas con menos cantidad de sal decía que sabían a paja, se masticaban como si fuesen cartón y no tenían ningún gusto. Definitivamente, la sal que utilizan tiene poderes milagrosos en el procesado, ironiza” (1).

“La sal, al igual que el azúcar, también es refinada para potenciar su sabor y acelerar su metabolización. Una práctica que lleva más de dos décadas utilizándose para elaborar las patatas fritas, y el principal truco que las hace irresistibles” (1)

“No se trata solo de las grandes cantidades de sal. La utilización de jarabe de maíz alto en fructosa, como sustituto del azúcar, está incluido en la mayoría de estos productos. Una sustancia que desactiva la zona del cerebro encargada de regular el apetito. Así se reducen los niveles de las hormonas de la saciedad, provocando más hambre de la habitual. Una reciente investigación de la Universidad de Yale, avalada por la American Medical Association, concluyó que el consumo de esta sustancia puede provocar hipertensión, gota o diarrea, además de ser una de las principales causas del sobrepeso y la obesidad. Las alteraciones en la composición del azúcar son muchas y muy variadas, apunta el escritor. Los compuestos utilizados para procesarlo pueden potenciar su sabor dulce hasta en un 200 por cien. El mayor problema que causan estos aditivos para la salud, explica Moss, es que el cuerpo no es capaz de metabolizarlos al igual que hace con el azúcar natural. De este modo, aumenta los niveles de grasa en sangre asociados con las enfermedades cardiovasculares” (1).

Como es lógico pensar, los responsables de la industria niegan que se estén utilizando sustancias como adictivos (1).

Os comento que la sensación de falsa felicidad o irreal bienestar que se produce tras la ingesta de la mencionada comida es poco duradera y termina provocando insatisfacción (mal carácter, impaciencia, irritabilidad, irascibilidad, etc.) y no muy a largo plazo, por ello la tendencia siguiente es a calmar la triste incomodidad con una nueva comida rápida que nos lleve al mismo punto que conseguimos con su consumo. Se convierte en “la pescadilla que se muerde la cola” y poco a poco nuestra salud se va viendo afectada y, de forma irreversible, en muchas ocasiones. 

Lo único que me queda decir para terminar esta entrada es que confío en que, con el tiempo, la ganancia económica y la salud se den la mano. De hecho, no toda la comida que se prepara de forma rápida reúne las características de la mencionada comida basura y carente de nutrientes, hay platos de muy fácil elaboración que son muy sanos y solo tenemos que discernir entre unos y otros.

Fuentes:

(1) El Confidencial. “”Los mismos efectos de la cocaína”: qué le ponen a la comida basura para que te enganches”. 8-03-2013.
http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2013/03/08/los-mismos-efectos-de-la-cocaina-que-le-ponen-a-la-comida-basura-para-que-te-enganches-116406/
(2) The New York Times. Times Topic. “Michael Moss”. Monday, March 11, 2013
http://topics.nytimes.com/topics/reference/timestopics/people/m/michael_moss/index.html
(3) Joanna Blythman. “Salt, Sugar, Fat: How the Food Giants Hooked Us by Michael Moss – review”. The Observer. 24 February 2013.
http://www.guardian.co.uk/books/2013/feb/24/salt-sugar-fat-moss-review

Imagen:

Origen: Jal. “Ley de Seguridad Alimentaria y Nutrición”. Paperblog 11 de septiembre de 2010.
http://es.paperblog.com/ley-de-seguridad-alimentaria-y-nutricion-252535/

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