Consumo de Ácidos Grasos: Conclusiones de una Consulta de Expertos de la FAO en el año 2008.

ácidos grasos

Marina Muñoz Cervera –

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), como organismos técnicos de las Naciones Unidas (UN), se encargan de aportar orientaciones basadas en las evidencia científica en materia de alimentación y nutrición a los gobiernos nacionales y a la comunidad internacional.

El proceso que se utiliza para ello incluye revisiones periódicas y
sistemáticas de la evidencia científica, lo que suele culminar en la realización de consultas conjuntas a expertos para revisar el estado del conocimiento científico, reflexionar sobre los distintos temas tratados y traducir este conocimiento en una definición de requerimientos de nutrientes y de otras recomendaciones relativas a la nutrición.

El objetivo general de estas recomendaciones es contribuir a la mejora de la salud y el bienestar nutricional de las personas y de las poblaciones.

La Consulta mixta de Expertos FAO/WHO sobre grasas y aceites en la nutrición humana celebrada en Ginebra del 10 al 14 de noviembre de 2008 (en adelante Consulta de Expertos) constituye la reunión de expertos más reciente sobre el tema de las grasas comestibles en la nutrición humana y sigue a aquellas celebradas en 1977 (FAO, 1977) y 1993 (FAO, 1994).

Podéis acceder al Informe a través del siguiente enlace: Grasas y Ácidos Grasos en la nutrición humana

Publicada la edición española (la edición inglesa fue impresa en el año 2010) por este organismo y la Fundación Iberoamericana de Nutrición (FINUT) en el año 2012 en Granada, España, podemos leer en el Informe que se llegan, entre muchas otras, a las siguientes conclusiones:

SOBRE EL CONSUMO DE ÁCIDOS GRASOS SATURADOS (AGS):

El informe refiere cuáles son los ácidos grasos saturados (AGS) comunes en grasas y aceites de la alimentación:

– Butírico: Grasa láctea.
– Caproico: Grasa láctea.
– Caprílico: Grasa láctea, aceites de coco y de palma.
– Cáprico: Grasa láctea, aceites de coco y de palma.
– Láurico: Aceite de coco, aceite de palma.
– Mirístico: Grasa láctea, aceite de coco, aceite de palma.
– Palmítico: La mayoría de las grasas y aceites.
– Esteárico: La mayoría de las grasas y aceites.
– Araquídico: Aceite de cacahuete.
– Behénico: Aceite de cacahuete.
– Lignocérico: Aceite de cacahuete.

Cada uno de los ácidos grasos saturados (AGS) afecta de manera diferente a las concentraciones de colesterol en las diferentes fracciones de las lipoproteínas plasmáticas. Por ejemplo, los ácidos láurico (C12:0), mirístico (C14:0) y palmítico (C16:0) incrementan el colesterol de las LDL mientras que el ácido esteárico (C18:0) no tiene este efecto.

El grupo de expertos convino adoptar 4 grados de evidencia para valorar y obtener sus conclusiones:

– Convincente
– Probable
– Posible
– Insuficiente

Para llegar a una recomendación dietética acordaron que se necesitaba una evidencia de grado suficiente para ser “convincente “ o “probable”.

Y ahora vamos a conocer sus conclusiones sobre los  ácidos grasos saturados (AGS):

Hay evidencia convincente de que:

– Sustituir los AGS (C12:0-C16:0) por ácidos grasos poliinsaturados (AGP) disminuye la concentración del colesterol de las LDL y la relación colesterol total/ colesterol HDL. Al sustituir los AGS por ácidos grasos monoinsaturados (AGM) se consigue un efecto similar pero menor.

– Sustituir las fuentes dietéticas de AGS (C12:0-C16:0) por hidratos de carbono (carbohidratos o glúcidos) disminuye tanto el colesterol de las LDL como el colesterol de las HDL pero no altera la relación colesterol total/ colesterol HDL.

– Sustituir los AGS (C12:0-C16:0) por ácidos grasos trans (AGT) disminuye el colesterol de las HDL e incrementa la relación colesterol total/colesterol HDL

Basándose en los datos obtenidos en estudios epidemiológicos y ensayos clínicos controlados sobre la morbilidad y mortalidad en la enfermedad coronaria (CHD) (utilizando accidentes cardiovasculares y muerte), se acordó también lo siguiente:

– Hay una evidencia convincente de que la sustitución de AGS por AGP disminuye el riesgo de enfermedad coronaria.

– Hay una evidencia probable de que la sustitución de AGS por hidratos de carbono muy refinados no tiene beneficios sobre las enfermedades coronarias y puede incluso incrementar su riesgo y favorecer el desarrollo del síndrome metabólico.

– Hay una relación positiva posible entre la ingesta de AGS y el riesgo incrementado de diabetes.

– Hay evidencia insuficiente para relacionar los efectos sobre el riesgo de enfermedades coronarias al sustituir los AGS por AGM o por una gran cantidad de hidratos de carbono de cereales integrales; sin embargo, basándose en líneas indirectas de evidencia, esta sustitución podría reducir el riesgo de enfermedades coronarias.

– Hay evidencia insuficiente de que los AGS afecten al riesgo de alteraciones en los índices relacionados con los componentes del síndrome metabólico.

Basándose en datos de morbilidad y mortalidad de cáncer el Comité de expertos de la FAO acordó que:

– Hay evidencia insuficiente para establecer alguna relación entre el consumo de AGS y el cáncer.

Por tanto, se recomienda que los AGS (ácidos grasos saturados) deben ser sustituidos por AGP (ácidos grasos poliinsaturados (n-3 y n-6) en la dieta y que la ingesta total de AGS no exceda el 10%E (porcentaje de energía).

SOBRE EL CONSUMO DE ÁCIDOS GRASOS MONOINSATURADOS (AGM):

Algunos ácidos grasos monoinsaturados(AGM) CIS en grasas y aceites son:

– Palmitoleico: Aceites de origen marino, aceite de macadamia, la mayoría de aceites animales y vegetales.
– Oleico: Todos los aceites y grasas, especialmente el aceite de oliva, el aceite de canola, los aceites de girasol y cártamo ricos en ácido oleico.
– Cis Vaccénico: La mayoría de aceites vegetales.
– Gadoleico: Aceites de origen marino.
– Erúcico: Aceite de semilla de mostaza, aceite de colza rico en ácido erúcico.
– Nervónico: Aceites de origen marino.

Hay evidencia convincente de que la sustitución de hidratos de carbono por AGM aumenta la concentración del colesterol de las HDL.

Hay evidencia convincente de que la sustitución de AGS (C12:0-C16:0) por AGM reduce la concentración del colesterol de las LDL y la relación colesterol total/colesterol HDL.

Hay evidencia posible de que la sustitución de los hidratos de carbono por AGM aumenta la sensibilidad a la insulina.

Hay evidencia insuficiente para la relación entre el consumo de AGM y las enfermedades crónicas tales como enfermedad coronaria y cáncer.

Hay evidencia insuficiente para la relación entre el consumo de AGM, el peso
corporal y el porcentaje de adiposidad.

Hay evidencia insuficiente para la relación entre el consumo de AGM y el riesgo de diabetes.

SOBRE EL CONSUMO DE ÁCIDOS GRASOS POLIINSATURADOS (AGP):

Son los  ácidos grasos poliinsaturados (AGP) n-3, también conocidos como Omega 3, más importantes a nivel nutricional, los siguientes:

– Ácido alfa (α) linolénico: Aceites de lino, perilla, canola y soja
– Ácido estearidónico: Aceites de pescado, aceite de soja modificado genéticamente, aceite de semilla de grosella negra y aceite de cañamo.
– Ácido eicosapentaenoico: Pescado, especialmente el azul (salmón, arenque, anchoa, eperlano y caballa).
– Ácido docosapentaenoico: Pescado, especialmente el azul (salmón, arenque, anchoa, eperlano y caballa).
– Ácido docosahexaenoico: Pescado, especialmente el azul (salmón, arenque, anchoa, eperlano y caballa).

Son los ácidos grasos poliinsaturados (AGP) n-6, también conocidos como Omega 6, más importantes a nivel nutricional, los siguientes:

– Ácido linoleico: La mayoría de los aceites vegetales.
– Ácido gamma (γ) linolénico: Aceites de semillas de onagra, borraja y grosella negra.
– Ácido dihomo-γ-linolénico: Componente en cantidad mínima de tejidos animales.
– Ácido araquidónico: Grasas animales, hígado, lípidos del huevo, pescado.
– Ácido docosatetraenoico: Componente en cantidad mínima de tejidos animales.
– Ácido docosapentaenoico: Componente en cantidad mínima de tejidos animales.

Hay una evidencia convincente de que los ácidos linoleico y alfa-linolénico son esenciales ya que no pueden ser sintetizados por los humanos.

 Hay una evidencia convincente de que la sustitución de AGS por AGP disminuye el riesgo de enfermedades coronarias.

Hay una evidencia convincente y suficiente a partir de estudios experimentales para establecer una ingesta aceptable que cubra las necesidades de los ácidos grasos esenciales linoleico y alfa-linolénico.

Hay una evidencia posible de que los AGP afectan al riesgo de alteraciones en los índices relacionados con el síndrome metabólico.

Hay una evidencia posible de que existe relación entre la ingesta de AGP y el riesgo de diabetes.

Hay una evidencia insuficiente para establecer una relación entre la ingesta de AGP y el cáncer.

Hay una evidencia insuficiente para relacionar la ingesta de AGP, el peso corporal y el porcentaje de adiposidad.

Basándose en la evidencia y en las limitaciones conceptuales, no parece razonable hacer recomendaciones específicas para la relación n-6 a n-3, o la relación linoleico a alfa-linolénico, siempre que las ingestas de ambos tipos de ácidos grasos se sitúen dentro de las recomendaciones establecidas en el informe:

– Total ácidos grasos poliinsaturados: 11%E (porcentaje de energía)

– Ácidos grasos n-3: 2%E

– Ácidos grasos n-6: 2.5-9%E.

SOBRE EL CONSUMO DE ÁCIDOS GRASOS TRANS (AGT):

Hay evidencia convincente de que los AGT procedentes de los aceites vegetales parcialmente hidrogenados incrementan los factores de riesgo y los accidentes cardiovasculares, en mayor grado delo que se pensaba con anterioridad. Hay también evidencia probable de un incremento en el riesgo de enfermedad coronaria mortal y muerte súbita, adicionalmente al riesgo incrementado de síndrome metabólico y diabetes.

Los expertos estuvieron de acuerdo en que las recomendaciones actuales para la población media de una ingesta de TFA menor del 1%E (porcentaje de energía) puede necesitar una revisión dado que no se ha tenido totalmente en cuenta la distribución de las ingestas y, por tanto, la necesidad de proteger a determinados subgrupos con ingestas peligrosamente más altas. Esto podría conducir a la necesidad de retirar las grasas y aceites parcialmente hidrogenados de la alimentación humana.

Fuente bibliográfica:

Grasas y Ácidos grasos en nutrición humana. Consulta de Expertos 10-14 de noviembre de 2008. Estudio FAO Alimentación y Nutrición 91. Publicado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Fundación Iberoamericana de Nutrición (FINUT) Granada, España, 2012.

ISSN 1014-2916
FAO ISBN 978-92-5-3067336
http://www.fao.org/docrep/017/i1953s/i1953s.pdf

Imagen: http://www.eufic.org/upl/1/default/img/Fatty%20acids_ES.JPG

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Seguramente muchos de nosotros hemos leído en la información nutricional de un producto la presencia de tal o cual cantidad de los ácidos grasos que hemos mencionado en esta entrada. Ahora podremos saber qué significan y que representa su ingesta para nuestra salud.

Todas las anteriores conclusiones y recomendaciones se basan los estudios llevados a cabo por expertos hasta el año 2008. A pesar de su relativa actualidad, no podemos olvidar que todos los días surgen estudios nuevos que aportan datos y todos ellos son recabados para ser analizados pormenorizadamente como ha ocurrido con el tema de la Consulta de Expertos a la que hacemos mención en esta entrada.

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