¿Se podría minimizar el desperdicio de alimentos?

– Marina Muñoz Cervera –

El 29 de enero de 2012 se publicó en la Vanguardia de México, un artículo con los datos globales de la cantidad de alimentos que se desperdician en el mundo; según los reportes de la FAO, la Organización para la Alimentación y la Agricultura, más de mil millones de toneladas de comida son desperdiciadas cada año, y esto ocurre en un planeta en el que más de mil millones de personas padecen hambruna.

En los países desarrollados los consumidores  desaprovechan 222 millones de toneladas, una cantidad casi par a la producción total de alimento del África Subsahariana (230 millones de toneladas) (1). Y en los países subdesarrollados se deterioran los alimentos por falta de medios de conservación y transporte.

El resultado de todo ello es que los alimentos se pudren contaminando el ambiente y se desechan productos que hubiesen podido ser utilizados con una mejor gestión de los mismos. Un fotógrafo austriaco, Klaus Pichler, ha querido que seamos conscientes de la fealdad de esta realidad y por ello ha tomado fotos de frutas putrefactas, sublimadas en su entorno. La CNN en español ha publicado un interesante artículo, hoy 6 de julio de 2012, en el que este artista explica el por qué de su iniciativa y propone algunas soluciones (2). Después de ver esta noticia, os dejo las recomendaciones de EUFIC para minimizar la cantidad de desperdicios de alimentos.

Imágenes:
http://www.featureshoot.com/wp-content/uploads/2012/03/Klaus-Pichler.jpg
http://blog.gessato.com/wp-content/uploads/2012/04/one-third-photography-series-klaus-pichler-gessato-gblog-1.jpg
http://www.featureshoot.com/wp-content/uploads/2012/03/Klaus-Pichler.jpg
Fuente:
Klaus Pichler’s Food Decay Images Shed Light on Global Food Waste
http://beautifuldecay.com/2012/03/27/klaus-pichlers-food-decay-images-shed-light-on-global-food-waste/

El constante desperdicio de los alimentos también lastima al planeta

(CNN) —

A primera vista, las hipnotizantes fotografías del artista austriaco Klaus Pichler pueden ser malinterpretadas como un grupo de anuncios estilizados. Toma un momento digerir —perdón por el doble sentido— que estás viendo fotografías de comida en estado de descomposición.

En una de estas fotos aparece una que piña cuelga encima de un antiguo plato dorado, y su piel, antes amarilla, ha dado paso a un mohoso verde luminoso; en otra, unas remolachas morado oscuro yacen cómodamente en un elegante florero de porcelana con delgadas láminas de filamentos grises acumulándose en su piel.

La idea es simple: “exponer la contradicción entre la belleza de los productos alimenticios y la horrible realidad del sobreconsumo y el desperdicio”, explicó Pichler.

El título de la serie es Un Tercio y se deriva de un reporte de la Organización para la Alimentación y Agricultura de la ONU (FAO) publicado en 2011 y que reveló una estadística escalofriante: un tercio de todos los productos alimenticios en el mundo se desechan sin ser consumidos.

Dependiendo del tipo de comida en cuestión, esta cifra cambia de entre 25% y 75% y, en su conjunto, llega a 1.300 millones de toneladas de alimentos comestibles desechados cada año.

En un mundo en el que aproximadamente 925 millones de personas sufren de hambre crónica, las implicaciones morales son severas. Pero las consecuencias ambientales que no están documentadas son casi igual de alarmantes.

De acuerdo con un reporte de la organización ambientalista Greenpeace, la industria alimenticia es responsable del 30% del total de emisiones anuales de carbono.

“El sistema de producción alimenticia dominante se basa en combustible fósil en todos los niveles”, dijo el doctor Martin Caraher, profesor de Alimentos y Políticas de Salud en la Universidad de Londres. “Se necesita combustible para hacer el fertilizante, para las granjas y tractores, para el procesamiento de los alimentos, para empacarlo y para transportarlo a las tiendas”. Pero la comida no solo es responsable de la emisión de carbono por su producción y transporte, ya que genera más emisiones una vez que se tira a la basura.

“Un porcentaje significativo de la comida del hogar que se desecha termina en los rellenos sanitarios, en donde produce CO2 y gas metano”, explicó Richard Swannell, director de la prevención de desechos en el Programa de Acción de Desechos y Recursos del Reino Unido (WRAP, por sus siglas en inglés). “El metano es 23 veces más potente que el CO2 como gases de efecto invernadero”, añadió.

Como tal, WRAP calcula que cada tonelada de comida y bebidas desechadas equivale a casi 3.8 toneladas de emisiones de gas invernadero que de otra manera pudieron haberse evitado.

“Aplicando este factor a la cantidad del desecho de alimentos en el Reino Unido, nos lleva a un estimado de 17 millones de toneladas de CO2 en el 2012, el equivalente a las emisiones de 1 de cada 5 carros en nuestras calles”, dijo Swannell.

Y sin embargo un estudio reciente reveló que un 40% de la comida que tiran los consumidores europeos todavía está en su empaque original cuando aterriza en el bote de basura. Todo esto hace que nos preguntemos: ¿Por qué tanto desperdicio?

Pichler dice que el toque de ‘alto nivel’ tipo revista de modas en sus fotografías reflejan lo que él ve como “sobremercantilización” de alimentos como un accesorio de modo de vivir.

“Con programas incontables de cocina y anuncios más seductores que nunca, la comida se ha convertido en una gran parte de la industria cultural”, dijo. “Esto, junto con la falsa economía de compras en masa, es parte del por qué la gente compra más de lo que usa”.

“Es particularmente un fenómeno occidental”, añadió.

El doctor Ulf Sonesson es un científico en sistemas ambientales en el Instituto de Alimentos y Biotecnología de Suecia, el organismo comisionado por la FAO para coordinar su reporte de desechos alimenticios.

Él está de acuerdo con Pichler en que el problema es sintomático de la cultura occidental de los bienes desechables baratos. Su investigación descubrió, probablemente de forma sorpresiva, que en Europa y en Estados Unidos, cada consumidor tira entre 95 y 115 kilos de comida al año, mientras que solo de 6 a 11 kilos de bienes comestibles son desechados por persona en el África subsahariana y en el este de Asia.

Sonesson afirma que el problema se forma en la lógica de la economía básica. A pesar de algunas fluctuaciones mercantiles recientes, el precio de los alimentos en las naciones industrializadas sigue bajando, por lo que hay menos incentivos para pensar en lo que hay en el refrigerador o para hacer un esfuerzo por evitar cocinar más de lo que necesitamos.

“Como resultado, hoy en día sabemos menos sobre cocinar y la preparación de los alimentos… Mis padres y abuelos sabían cómo usar todo”, dijo él.

¿Qué necesitaríamos para regresar el tiempo? Swannell piensa que solo requeriría una serie de modificaciones relativamente pequeñas en nuestro comportamiento.

“Por ejemplo, tomándote solo cinco minutos para revisar tu alacena y refrigerador antes de hacer tu lista del supermercado puedes evitar comprar ingredientes que ya tienes”.

“O cuando llegues a tu casa con tus compras, mete lo que puedas al refrigerador. Si tienes paquetes grandes de pollo o pescado, divídelas y congela porciones pequeñas”.

Pero no solo es culpa de los consumidores. Pichler dice que los supermercados son culpables de desechar grandes cantidades de alimentos por razones aparentemente frívolas.

“Hay una tendencia en los supermercados por presionar a los productores de alimentos para que les entreguen productos “perfectos”. Esta presión es la culpable de las prácticas comunes de descartar alimentos y destruirlos inmediatamente después de cosecharlos por imperfecciones menores”, apuntó.

“Más aún, no es inusual para las cadenas de supermercados el adquirir un exceso de alimentos a propósito, para que los anaqueles puedan estar totalmente atascados de artículos perecederos hasta la hora del cierre”, dijo.

Pero la corriente puede estar cambiando. Swannell apunta que a pesar de que lleva mucho tiempo sucediendo, finalmente, en algunas naciones la gente ya se da cuenta del problema. Él señala que durante el 2007, el Reino Unido tiró 8,3 millones de alimentos, pero para el 2010 esa cifra ha caído a 7,2 millones.

Solo el tiempo dirá si el resto del mundo industrializado seguirá la tendencia.(2)

En un artículo de EUFIC (European Food Information Council) titulado: Cómo minimizar el desperdicio de alimentos, nos explican algunas formas para que este despilfarro disminuya (3):

Actuar contra el desperdicio de alimentos: En la Directiva Marco sobre los residuos de la UE 2008/98/CE, una jerarquía para el tratamiento de los residuos da prioridad a la reducción de los residuos en su origen, seguida de la reutilización, el reciclado y la valorización, mientras que la eliminación es el ultimo recurso. Este concepto ha sido aplicado a los residuos alimenticios por la Agencia de protección del medio ambiente de Estados Unidos. Tras tratar de reducir los residuos en un primer momento, sugiere a continuación que los alimentos comestibles se redistribuyan entre personas, animales y a continuación a la industria.

En Europa, existen más de cien iniciativas para reducir la acumulación de residuos alimenticios. Las estrategias incluyen la concienciación a través de campañas, información, formación, medición de residuos y mejora de la logística. Sin embargo, la actividad es reciente y la evaluación limitada, por lo que se debe continuar con ambas.

Medición del desperdicio de alimentos: El proceso de separación de los alimentos de otros residuos puede servir como vehículo de concienciación. La recogida por separado de residuos alimenticios ofrece ventajas para el medio ambiente (los residuos alimenticios se someten a compostaje y se descomponen aeróbicamente), pero su influencia en la reducción de los residuos alimenticios aún no se ha cuantificado. Los niveles de medición e información sobre residuos fomenta aún más el compromiso; la utilización de metodologías normalizadas a nivel nacional permitiría un análisis y una prevención específicos, que podrían ser impulsados por el establecimiento de objetivos de prevención de residuos.

Realización de campañas: El Programa de acción de residuos y recursos (Waste & Resources Action Programme, WRAP) realiza campañas en el Reino Unido para que la población «ame los alimentos y odie el desperdicio» (del lema en inglés «Love Food, Hate Waste»), y registró una reducción de residuos del 13% en un periodo de 3 años (2006/7–2010). El programa WRAP concluyó que las personas que planifican, hacen listas de la compra y controlan la comida de la que disponen desperdician menos alimentos que los «compradores espontáneos». La organización anima a las personas a aprovechar las sobras y a utilizar los alimentos con fecha de caducidad próxima en nuevas recetas. La concienciación a nivel de los consumidores también sería un vehículo de concienciación en la cadena alimentaria.

Un método consistiría en inculcar hábitos para minimizar el desperdicio por medio de clases de cocina; por ejemplo, la autoridad local de Bruselas (Bruxelles Environnement) formó a 1.000 personas en 2009. El Parlamento Europeo ha recomendado que se incorpore esta formación práctica a los planes de estudio. Existen oportunidades educativas similares en la industria hostelera. Los proveedores de servicios de catering pueden ayudar a reducir el desperdicio anticipando la demanda en función de las reservas y de encuestas de opinión de los clientes. Al mismo tiempo, la práctica de permitir que los comensales de un restaurante se lleven las sobras a casa (en un recipiente conocido como «doggy bag») es común en EE. UU., pero es motivo de recelo en algunos países de la UE. Es necesario que hagamos un esfuerzo para dejar a un lado la vergüenza. Las sobras deben refrigerarse en un plazo de 2 horas y consumirse en un plazo de 24 horas, bien recalentadas en su totalidad.

Comunicar la frescura: Deben darse garantías a los consumidores de que «…utilizar su propio juicio (visual, olfativo y paladar) resulta adecuado para numerosos productos alimenticios», excepto cuando haya vencido la fecha de caducidad. Los estudios de la Autoridad de Seguridad Alimentaria de Irlanda destacan que gran parte de los consumidores irlandeses (el 46%) afirmaron no tener ningún problema para consumir alimentos después de su fecha de caducidad y, por lo tanto, poner en riesgo su salud. Los productos cuya fecha de caducidad haya vencido podrían estar contaminados con bacterias dañinas y aun así no mostrar cambios y, por lo tanto, no deberían consumirse. Los consumidores deberían asegurarse de que el envase esté intacto y, en concreto, de que los productos desecados, como el azúcar, la harina y el café, no estén húmedos y no presenten insectos.

Una mayor orientación para los comercios contribuiría a normalizar la comunicación de las fechas y las indicaciones para el almacenamiento (lo que podría aumentar notablemente la vida media de los productos, por ejemplo, manteniendo los productos secos en envases herméticamente cerrados). Los congeladores ofrecen la oportunidad de conservar los alimentos. Las indicaciones sobre el etiquetado de los alimentos en lo que respecta a las instrucciones de congelación deben armonizarse de forma que los consumidores puedan congelar los alimentos con total seguridad. Los comercios minoristas también pueden ayudar a los consumidores fomentando el uso (la venta) de etiquetas y marcadores para congelador, recipientes de almacenamiento, bolsas isotérmicas (para llevar a casa los alimentos enfriados) y termómetros para frigorífico (para mantener los frigoríficos domésticos entre 0ºC y 5ºC.

La innovación en el envasado puede reducir los residuos (y el impacto medioambiental en general) mediante la mejora de los materiales y las características del diseño, como los envases herméticos reutilizables y el desarrollo de películas «inteligentes» que indiquen la pérdida de frescura mediante un cambio de color.

Redistribución de alimentos en buen estado: Los excedentes de alimentos deben continuar descendiendo en la jerarquía de la gestión de residuos y redistribuirse. El Parlamento Europeo ha solicitado a la Comisión Europea la elaboración de unas directrices claras sobre la seguridad del uso de estos alimentos.

Entre los desechos se pueden encontrar alimentos perfectamente comestibles que han sido rechazados por su aspecto. Para abordar esta cuestión, se ha distendido la ley europea que regula las normas de calidad de las frutas y hortalizas (CE N.º 1221/2008) con el fin de permitir la venta de productos menos estéticos. No obstante, su venta y utilización requieren la aceptación del consumidor. El nivel de calidad puede reflejarse en el precio. Con el fin de reducir el desperdicio, los comercios minoristas recurren a precios promocionales para los productos ligeramente deteriorados o con fecha de caducidad próxima (práctica prohibida en algunos Estados miembros). Es preferible ofrecer descuentos que comprar al por mayor, pero existe el riesgo de modificar el comportamiento del consumidor en materia de residuos (animándolo a hacer compras excesivas) e incluso de incitar al consumo excesivo. Los bancos de alimentos tienen en este sentido un papel destacado. Numerosos países (como Austria, Dinamarca, Italia, España o el Reino Unido) cuentan con eficaces programas de bancos de alimentos, en los que los excedentes se transportan desde los comercios minoristas hasta las personas necesitadas o a otros puntos de venta (por ejemplo, almacenes de descuento o mercados locales), pero estos funcionan a pequeña escala.

UN AHORRO GLOBAL: Como afirma la Organización para la Alimentación y la Agricultura, «es necesario darle un uso apropiado y beneficioso a los alimentos seguros que se desechan en la actualidad». Se estima que el desperdicio de alimentos aumentará con el crecimiento de la población, la demanda de alimentos y el aumento de la riqueza. La industria alimentaria, los comercios minoristas y los consumidores deben concienciarse y tomar medidas al respecto. Unas pocas medidas de eficiencia no solo resultarían beneficiosas para nuestro bolsillo, sino que tendrían resultados positivos a nivel mundial (3).

Fuentes:

(1) http://www.vanguardia.com.mx/el_desperdicio_de_comida_en_numeros-1206622.html

(2) http://cnnespanol.cnn.com/2012/07/06/el-constante-desperdicio-de-los-alimentos-tambien-lastima-al-planeta/
(3) http://www.eufic.org/article/es/page/FTARCHIVE/artid/How-to-minimise-food-waste/

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