Recomendaciones para la alimentación de invierno.

sopa de fideos

– Marina Muñoz Cervera –

Acabo de leer una noticia que me ha enternecido por varias causas, por un lado, porque procede de un Diario del pequeño Municipio de San Nicolás, de la Provincia de Buenos Aires (Argentina), llamado El Informante; por otro, porque el Profesor Doctor que escribe la noticia, intenta ayudar a los pobladores, dándoles recomendaciones para que su nutrición no sufra perjuicios en invierno; y sobre todo, porque me parece una hermosa y humana iniciativa para ayudar en el mantenimiento de la salud, cuando el clima cambia.

En el Sur del Meridiano, estamos en invierno, y en los días de frío varían las rutinas alimentarias, adquiridas a los largo del año. El Prof. Dr. Alberto Cormillot, refiere unas recomendaciones para seguir en este tiempo y que nuestro organismo no sufra las inclemencias del tiempo ni los cambios de costumbres.

Yo vivo en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia) y por ello sé lo que estar aterida de frío después de tener habituado el organismo a un clima cálido; cuesta esfuerzo moverse hasta para hacer la comida y con cualquier cosa nos conformamos. El contenido de sus recomendaciones me parece perfecto, y lo único que podría añadir, es que aunque no apetezca beber agua pura, los caldos, refrescos y claciones no la pueden sustituir, y dentro de los dos litros mínimos que el Doctor recomienda, debería estar presente.

La noticia dice así:

Diario el Informante, 16 de junio de 2012, 8:17, San Nicolás, Buenos Aires, Argentina.

Los sí y no en las comidas de invierno

“En los días fríos, naturalmente tendemos a modificar nuestra alimentación para afrontar las temperaturas bajas y otras inclemencias del tiempo. Deseamos tomar líquidos calientes, elegimos cocinar guisos, preferimos sopa en vez de ensalada y nos tientan cosas como los alfajores y chocolates.

Pero, ¿estamos llevando adelante un balance de energía?, ¿gastamos las calorías extra que consumimos para que no se transformen en rollitos y se hagan evidentes en primavera?, ¿incorporamos suficientes y apropiados nutrientes?

Si bien el aporte calórico que necesita cada persona depende de características como la edad, la estatura y la actividad física, entre otras, en general se calcula que las calorías diarias tienen que distribuirse de la siguiente forma: del 10 al 15% deben venir de proteínas; entre un 55 a 60% de hidratos de carbono; y un 25 ó 30% de grasas.

Los hábitos que no convienen

Amparados en que hace frío, muchas veces nos relajamos y tendemos a aumentar las porciones o incorporar comidas muy calóricas o ricas en grasa.

Por ejemplo:

– Sustituimos las colaciones de frutas por alfajores, chocolates o papas fritas, con el consiguiente aporte de calorías y grasas.

– Suspendemos las ensaladas frías con la idea de que son propias del verano, cuando las vitaminas de las verduras y hortalizas crudas son necesarias durante todo el año.

– Incorporamos sopas deshidratadas, instantáneas o con el agregado de crema. Así, aumentamos el consumo de sodio y grasas.

– Hacemos salsas, guisos o estofados a los cuales nos permitimos agregarles crema, chorizo o carnes grasas.

– ¡Nos tentamos con hacer tortas fritas!

– Servimos porciones más generosas a adultos y niños.

Los hábitos que sí convienen

– Mantené el consumo de líquidos (unos 2 litros diarios). Podés beber infusiones, mate o comer gelatinas para alcanzarlo.

– Comé frutas cítricas y tomá jugos cítricos exprimidos. Consumilos no más de 15 minutos después de obtenerlos para aprovechar todas sus propiedades vitamínicas.

– Aumentá el consumo de vitamina A, que ayuda a proteger la piel y los labios del frío. Consumí leche, yogur, queso portsalut, carnes desgrasadas, huevo, verduras de hoja (acelga, espinaca, endibia, berro), zanahoria y calabaza.

– Elegí cortes magros de carne y preparalas con muy poco aceite.

– La escasez de luz solar disminuye la incorporación de vitamina D. La posible falta la podés prevenir con el consumo de pescados como atún o salmón, y lácteos enriquecidos.

– Si las ensaladas “te dan frío”, consumí hortalizas calientes. Podés prepararlas hervidas, al horno, al vapor, grilladas o en sopas.

– Serví porciones moderadas; recordá que la fruta también es parte de la comida.

– No abuses de chocolates, alfajores, turrones. En cambio, incorporá frutas secas (almendra, nuez, avellana) y deshidratadas (duraznos, peras, higos, pasas de uva), ya que aportan fibra y nutrientes.

– Serví la cena temprano, para darle tiempo al organismo –que en invierno funciona con más lentitud- a hacer la digestión antes de irse a dormir.

– Si tenés que tomar antibióticos a causa de alguna infección respiratoria, ayudá a restituir la flora bacteriana (microorganismos benéficos que viven en el intestino) con yogur y fruta fresca.

Prof. Dr. Alberto Cormillot”

Fuente: http://www.diarioelinformante.com.ar/notamaster.php?id=22033

Imagen: http://static.freepik.com/foto-gratis/comer-sano-sopa-de-macarrones-harina-sopa-caliente_3194630.jpg

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