El ajo y su historia: Parte I.

Cabeza de ajos

– Marina Muñoz Cervera –

El ajo es una hortaliza conocida desde la antigüedad y  la singularidad de su historia merece la pena conocerse, pues pienso que el mejor entendimiento de cualquier tema se obtiene a través de la observación de sus raíces. Voy a ir, paso a paso, recorriendo la vida de esta polémica hortaliza desde los anales de su historia.

Para situarnos en el contexto actual, mencionarles que el ajo es una angiosperma monocotiledónea perteneciente  a la familia Amarylliaceae , Orden Asparagales , Género Allium, Especie Sativum.(1)

No se conoce a ciencia cierta el lugar de origen del ajo, debido a que el origen de esta planta es antiquísimo y su diseminación como planta silvestre y de cultivo se produjo hace milenios. No obstante, se acepta lo que escribió el famoso botánico De Candolle (Augustin Pyrame de Candolle -Ginebra, Suiza, 4 de febrero de 1778– 9 de septiembre de 1841- fue un briólogo, botánico, micólogo, pteridólogo suizo) (3) en su libro El Origen de las Plantas Cultivadas quien nos dice que el ajo es una planta originaria de Asia Central, posiblemente de Kirguisia,  en el suroeste de Siberia, y que está naturalizada en toda la cuenca mediterránea, donde se cultiva desde épocas muy remotas, habiéndose extendido a la mayoría de zonas templadas del planeta. Aun así el verdadero origen del ajo se desconoce a ciencia cierta, aunque Kirguisia sea posiblemente la única zona de nuestro planeta en la cual el ajo crece de forma espontánea pese a no haber sido cultivado en épocas anteriores.

Se utiliza hoy en día como aromatizante y saborizante natural, pero no siempre fue así:

El ajo en el antiguo Egipto:

En el famoso Papiro de Ebers,1500 A.C., ya se dan algunas algunas  recetas curativas, 22 de las cuales están hechas a base de ajos; se recomiendan para variadas enfermedades, entre ellas, las infecciones, dolores de cabeza, faringitis, debilidad física y los tumores. Este documento, el más antiguo relacionado con el ajo, “representa la mejor fuente de información sobre medicina egipcia de la que se dispone, superior al papiro Edwin Smith. Ebbell diferenció nueve grandes grupos: invocaciones a divinidades y fórmulas previas, enfermedades internas, prescripciones para enfermedades oculares, cutáneas, de las extremidades y prescripciones diversas. Es una recopilación de textos más antiguos de las primeras dinastías. Hoy día se encuentra en la Librería de la Universidad de Leipzig (Alemania) y data de la Dinastía XVIII,   en el año 8 del reinado de Amenhotep I; parece que el papiro fue encontrado entre las piernas de una momia en una tumba de Assasif y vendido a Edwin Smith por un comerciante egipcio en 1862. Posteriormente fue adquirido por el egiptólogo alemán George Moritz Ebers, a quien debe su nombre en1872.”(4)

Herodoto menciona que los obreros de la pirámide de Giza (500 a.C.) también utilizaron el ajo por sus virtudes curativas y alimenticias, y especialmente para incrementar su energía física, lo cual quedó grabado en algunos relieves encontrados en ella, donde se especifican el tipo, coste y detalle de los alimentos consumidos  por los obreros, entre los que figuraba el ajo. Se deduce que era un alimento propio de las clases humildes, pues no en vano la mano de obra utilizada para construir estos grandes monumentos en la época faraónica estaba en su práctica totalidad constituida por esclavos.

También la Biblia confirma que el ajo se distribuía entre los esclavos hebreos que construían en Egipto, y que fue la causa de la primera guerra laboral  que se conoce, cuando dejó de distribuirse en la ración alimenticia. Curiosa paradoja del destino  que los esclavos dejen de trabajar por un puñado de ajos, pero esto nos demuestra el gran aprecio que le tenían, y nos explica porqué se le ha considerado durante muchos siglos como la panacea del hombre pobre.

Durante su estancia en Egipto, los hebreos entraron en contacto con este admirable bulbo y, a pesar de la repugnancia que en muchos casos sentían por esta planta, que llamaron sum, aprendieron a valorar sus virtudes, de ahí que una vez instalados en Palestina, la cultivaran con esmero.

Quizás, por sus cualidades excitantes y afrodisíacas los sacerdotes egipcios renunciaban al consumo de ajo, al considerarlo incompatible con las personas que por su elevación espiritual debían ponerse en contacto con las divinidades; y a este respecto nos dice Plutarco: “Se abstenían de la cebolla y del ajo (…). No eran buenos para los días de ayuno ni para las celebraciones festivas”.  Sin embargo, la ambivalencia de los sacerdotes hacia el ajo era evidente, porque en las tumbas de los faraones se enterraban también cerámicas y tallas de madera con ajos y cebollas para asegurar que sus comidas, allá, en el otro mundo y de camino hacia el Sol, estuvieran convenientemente aderezadas” (2).

Enlaces relacionados:
El ajo y su historia II: La “rosa picante de los griegos”
El Ajo y su historia Parte III: El ajo en la cultura romana
El ajo y su historia IV: Edad Media y Moderna.
El ajo y su historia V: Un “tesoro nutricional” en nuestros días.

Fuentes:

(1)    http://es.wikipedia.org/wiki/Allium_sativum
(2)   El Ajo. Tradición, cultivo y composición: La historia del ajo como medicamento. El Poder curativo de los alimentos. Integral. RBA Libros, S.A. Barcelona 2010.
(3)   http://es.wikipedia.org/wiki/Augustin_Pyrame_de_Candolle
(4)http://www.egiptologia.org/fuentes/papiros/ebers/

Imagen: http://www.ecured.cu/images/8/8a/El_ajo_y_sus_propiedades.jpg

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Una respuesta a “El ajo y su historia: Parte I.

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